Llorar es bueno en casi todas las ocasiones, digan lo que digan.

Las lágrimas reducen el estrés y calman el dolor

Llorar es bueno y es una de las acciones humanas más intensas porque el llanto se dispara en momentos de máximo sufrimiento o ansiedad. De hecho, no solo sufre quien llora sino también cuando vemos llorar a alguien. La reacción más frecuente es intentar por todos los medios consolar a esa persona para que deje de llorar.

El llanto es embarazoso para quien lo sufre e incomoda a quien lo observa.

Sin embargo, no debería ser así en la mayoría de los casos ya que llorar es bueno y es una respuesta natural humana que merece ser valorada y considerada por su función reparadora y calmante.

Cuando lloramos por una emoción, normalmente negativa, nos sentimos mejor, más relajados y la ciencia lo confirma. El estudio «Los beneficios para la salud de llorar» liderado por el doctor William H. Frey II, confirmó que las lágrimas que son fruto de las emociones contienen altas dosis de adrenocorticotropina, una hormona relacionada con el estrés. Al mismo tiempo se libera prolactina y leucina encefalina, un analgésico natural. Es por ello que después de llorar nos sentimos más aliviados, ya que es una cuestión de química.

De hecho, la composición de las lágrimas varía en función de la emoción que las despierta, algo que curiosamente corrobora Rose-Lynn Fisher que las ha fotografiado al microscopio construyendo una Topología de las lágrimas. En el anterior enlace puedes ver todo un muestrario de tipos de lágrimas según la emoción.

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What coulnd’t be fixed? by Rose-Lynn Fisher

Situaciones en las que llorar es bueno

Desafortunadamente a lo largo de la vida nos encontramos en muchas situaciones donde sentimos un deseo irrefrenable de llorar. Existen muchos tipos de llanto como el llanto de los niños pequeños porque tienen hambre, frío o simplemente necesidad de atención. Los adultos lloramos cuando nos sentimos apenados, indefensos y pedimos ayuda o cuando empatizamos y sentimos el dolor ajeno.

Entre las situaciones más frecuentes encontramos la pérdida de un ser querido, la frustración por un conflicto con otra persona que nos ha maltratado, humillado o insultado o incluso por un conflicto con nosotros/as mismos/as cuando sentimos arrepentimiento. No podemos olvidar el llanto por alegría repentina o intensa como una respuesta de nuestro cuerpo al subidón químico.

Quizás el contexto emocional donde el llanto es especialmente necesario y sanador es cuando estamos pasando por una etapa de duelo y pérdida de una persona. Puede ser un duelo por un ser querido que ha fallecido pero también el duelo por una ruptura amorosa es casi comparable en cuanto al sufrimiento que provoca. En el primer caso el dolor es muy intenso y al mismo tiempo frustrante porque no podemos controlar ni revertir la situación de forma personal. En el segundo caso el dolor puede ser igual de intenso porque se añade la circunstancia de dolor en la autoestima, los miedos y remordimientos propios que normalmente están implicados.

3 razones por las que llorar es bueno
Photo by Luis Galvez on Unsplash

Superar el duelo emocional en una sociedad que no nos deja estar tristes

Las rupturas amorosas siempre son dolorosas, seamos jóvenes o adultos/as. Los psicólogos apuntan de hecho que la ruptura nunca llega a superarse completamente si no se atraviesa el desierto emocional del duelo. Nadie que lo haya vivido negará que superar ese duelo es difícil y más aún en una sociedad donde se impone rechazar la tristeza y dar la espalda a todo lo que nos provoque malestar.

Esta «sociedad de la felicidad» no nos deja estar tristes. La pena no tiene ningún glamour, actualmente se considera descortés mostrarse débil, porque se teme que la tristeza sea contagiosa, y se tiene pavor a que el dolor ajeno despierte al propio. La pena no vende, la pena asusta.

Y lo que es peor, a nuestros jóvenes se les alecciona para reprimir el llano incluso cuando sabemos que llora es bueno: como la canción con la que reivindicaba Miguel Bosé «los chicos no lloran, tienen que pelear» y a ellas se les coloca la losa de no «llorar como una niña pequeña.»

En el mejor de los casos, sin duda con muy buenas intenciones, se les colma de mensajes del tipo: «Ya está bien», «Venga, tampoco es para tanto», «Eso pasó hace ya mucho tiempo», «Mírale el lado bueno», «¡Anímate!». Esas palabras son un intento de negar el duelo e ignorarlo, pero el duelo se apropia sibilinamente del afectado/a y es enorme la cantidad de energía que invertimos para negarlo, para darle la vuelta a una tortilla que sabe amarga, se la mire por donde se la mire.

No obstante negar un duelo es un mal negocio. Es mucho mejor reconocerlo, aceptar la pena, sufrirla, llorarla todo lo que haga falta. Es precio concederle, solo durante un tiempo, un lugar en nuestro interior, donde permanezca bien despierta y empaquetada. Y finalmente poder dejarla ir definitivamente.

Nos gustaría decir que no pasa nasa, que, poniendo un poquito de nuestra parte y de buena voluntad, esto se supera en un par de meses. Que siguiendo unas cuantas reglas y sujetándonos a unos cuantos pensamientos — ¡positivos, siempre positivos!—, saldremos indemnes del sufrimiento que nos provoca una ruptura. Esto es especialmente cierto en los tiempos que corren, en donde se nos vende la ilusión de omnipotencia de que todo está en nuestras manos, de que no hay más que querer para poder. Pero lo cierto es que el duelo es un proceso normal, doloroso, largo —a veces ¡muy largo!—, pero pasajero.

Hay muchísima gente que sufre después de una pérdida y que no entiende muy bien por qué sufre tanto. Hay también muchas personas que por ejemplo, después de años de una separación, siguen enganchados en peleas encarnizadas con abogados. Probablemente no llevaron a cabo un buen duelo, o no dejaron marchar la pena definitivamente.

Busca un rincón tranquilo, llora, y desahógate

El proceso natural de un duelo es primero la conmoción, la negación, el enojo, más tarde la depresión y tristeza y finalmente la aceptación. Lo primero que deberíamos hacer es dejarnos llevar por la reacción de nuestro cuerpo y llorar cuando tenemos ganas de llorar.

Llorar es soltar la pena, echarla fuera y con ella la rabia y frustración si también existe. Aunque las personas que nos rodean intenten convencernos para no llorar, todo lo contrario, busca un rincón tranquilo y desahógate.

Si cerramos el grifo de la pena lo único que lograremos es dejarla dentro, haciéndose mayor y alargando el periodo de recuperación. Llorando vamos a acortar el duelo. Llorar es bueno. Mucho más si estás preocupado, dolido o estresado por alguna situación negativa.

En ese caso, intentar tragarse las lágrimas te debilitará, ya que mantener las emociones a raya es complicado: requiere mucho esfuerzo, esfuerzo que se traduce en ansiedad, irritabilidad, estrés… y que incluso puede derivar en enfermedades cardiovasculares. Es como si cargaras con una gran piedra, piedra que sólo soltarás cuando des rienda suelta a tus lágrimas.

Eso sí, aunque llorar es un proceso saludable, en el caso de las personas que sufren trastornos del humor como por ejemplo una depresión, las lágrimas les harán sentirse peor. El resto, ¡déjalas correr!

Razón nº 1: Llorar es el primer paso para superar el dolor

Llorar es bueno y ayuda a lidiar con el dolor

Una forma de canalizar una pena es a través de las lágrimas. Cuando lloramos estamos reconociendo nuestra vulnerabilidad, es cierto, pero también es una forma de comunicación de nuestros sentimientos. El llanto funciona como herramienta para liberar la emoción negativa y de esta forma se supera el dolor. Así, al levantar el ánimo, proporciona una sensación de bienestar.

El dolor se intensifica por el estrés y la ansiedad que nos genera una situación que estamos viviendo. Al llorar liberamos tensión y reducimos los efectos negativos en la salud del estrés y la ansiedad. El llanto emocional nos «repara» emocionalmente. Favorece nuevos aprendizajes internos sobre el dolor y nos ayuda a poner en marcha nuevas conductas que nos permitirán adaptarnos mucho mejor a nuestros entornos y a situaciones similares en el futuro.

Razón Nº 2: Llorar es un calmante natural

 Entre los beneficios del llorar ya hemos mencionado el poder de calmar la ansiedad y angustia. La intensidad de las emociones fuertes puede ser más llevadera con el llanto. Si tienes necesidad de llorar mucho y está justificado (por ejemplo, tras la muerte de un ser querido) es normal hacerlo de manera desconsolada e incluso el corazón segrega más sangre. El caso es diferente si este viene acompañado de los siguientes síntomas: no dormir, dejar de comer, perder peso, apatía e ideas suicidas.

Es cierto que el llanto puede estar acompañado por suspiros, respiración entrecortada y sensación de ahogo. Sin embargo, al terminar de derramar las lágrimas las emociones se estabilizan y con ello la forma en que el aire ingresa en nuestros pulmones. Por si fuera poco, llorar regula el ritmo cardíaco y la sudoración.

Cuando lloramos nuestro y nuestro cuerpo genera lágrimas , desecha manganeso y cuando el organismo contiene altas cantidades de éste metal experimenta irritabilidad, cansancio, periodos depresivos y cuadros de ansiedad. Sin embargo, al llorar aumenta la cantidad de endorfinas, lo que ayuda mantenerse de buen humor.

Cuando lloramos nuestro organismo vuelve a un estado de “homeostasis” y las lágrimas nos permiten recuperar la serenidad, pero también el funcionamiento normal del cuerpo. Es por ello que después del llanto experimentamos una bonita sensación de alivio y desahogo.

Razón N.º 2: Llorar nos permite comunicarnos y provocar empatía

Cuando vemos a alguien llorar inevitablemente empatuzamos con esa persona de forma inmediata. Intentamos ponernos en su lugar y entender cómo se siente. Se produce un vínculo emocional, porque profundizamos en las relaciones interpersonales. Las lágrimas nos ayudan a conectar con otros, crean un vínculo que mejora la comunicación.

Pero lo cierto es que llorar en compañía es una forma efectiva de comunicarnos, de expresar nuestros sentimientos, y por tanto de compartir pensamientos y sentimientos que nos invaden en ese momento. Muchos autores apuntan que buscar el apoyo social es una estrategia para afrontar problemas emocionales. Se rumorea que «no hay mejor psicólogo que una cerveza con un amigo» o que todos y todas necesitamos «un hombro sobre el que llorar.» Por eso mismo llorar con un amigo/a nos ayuda a descargarnos de tristeza compartiendo nuestro pesar. A cambio esperamos palabras de aliento que necesitamos oír en esos momentos.

Habitualmente lloramos en soledad, por temor a que otros nos vean o simplemente porque es cuando estamos solos cuando sentimos la necesidad de desahogarnos. Además, cuando lloramos también nos sirve para interrogarnos a nosotros/as mismos/as y conocernos mejor. Descubrimos y analizamos lo que más nos duele y apena y eso nos servirá de memoria emocional para el futuro. Analizaremos mejor las consecuencias negativas y positivas de la situación.

Aunque nos hayan dicho lo contrario desde que éramos pequeños, llorar no es sinónimo de debilidad o de inferioridad.

Quien aprende a llorar y llora cuando lo necesita está permitiendo que al dejar salir las lágrimas su cuerpo ponga en marcha sofisticados mecanismos biológicos que además le permitirán ver más tarde las cosas con mayor claridad.

Todas estas son razones más que suficientes para que dejes de avergonzarte cada vez que sientas la necesidad de llorar. ¡No te cortes!


Para trabajar en el aula

  1. Trabaja en grupos divididos por sexo primero y pon en común las siguientes cuestiones que debes responder primero de forma individual en tu cuaderno:

¿En qué ocasiones es más común que llores?

¿Qué ocurre para provocar tu llanto?

¿Además del llanto cuál es tu reacción a la situación?

¿Te sientes liberado cuando lloras o te avergüenzas de llorar? Tu respuesta a esta cuestión depende de con qué personas te encuentres en ese momento. Explícalo al resto de compañeros/as.

¿Recuerdas la última vez que lloraste y el motivo? ¿Te sentiste liberado después de llorar?

¿Recuerdas algun momento en el que tuviste muchas ganas de llorar y te aguantaste sin llorar?

¿El llanto es imposible de controlar o te gustaría evitar llorar?

2. Ahora dividiros en grupos mixtos de chicos y chicas y compartir las ideas más comunes que se han discutido en los grupos de chicos y chicas.

¿Crees que es bueno compartir tus sentimientos con personas de tu confianza?

¿Serías capaz de llorar junto a un amigo/a, tu madre/padre?

¿Por qué crees que es bueno y por qué no?

A veces un amigo/a de verdad no es solo el que se lo pasa bien con nosotros sino especialmente quien está a nuestro lado en los momentos más difíciles y dolorosos ¿Tienes a ese amigo/a que es «tu hombro sobre el que llorar»?

3. Piensa sobre estas dos frases durante 5 minutos y después comparte tus reflexiones con el grupo. Piensa en ideas relacionadas como «redes sociales,» «me gustas/likes» y emoticonos. El secretario del grupo toma nota sobre las ideas que más se repitan y que señalen como importantes para el grupo.

 A) Los chicos no lloran.

B) Llorar sobre un hombro digital no reconforta. 


Vídeos para ver y discutir en clase:

¿Los hombres no lloran?

Big girls cry

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