Estoy segura de que alguna vez estudiaste la tabla periódica de los elementos químicos, pero hoy te presentamos la Tabla Periódica de las Emociones, una herramienta que te permite reconocer y nombrar lo que estás sintiendo y el por qué. Poder manejar esta habilidad te ayudará y te brindará herramientas para tomar decisiones o para ayudar a tu alumnado o a adolescentes a gestionar sus emociones.

Empezaremos por explorar un poco más qué son las emociones y cómo las vivimos en nuestro día a día Las emociones son básicas para la interacción social y hacen parte de nuestro sistema de comunicación. Artevía, empresa creadora de la guía «Viviendo emociones» la elaboró siguiendo esta premisa:

“las emociones son energía humana, por tanto, ni se crean ni se destruyen; solo se transforman”.

manifiesto de las emociones

El universo de las emociones

Seguimos ahora a Rafael Bisquerra, autor del libro Universo de Emociones, y te proponemos adentrarte un poco más en cómo se activa la respuesta emocional en los seres humanos para que así puedas gestionar mejor tus emociones y comunicación. Tenemos un mecanismo innato que valora cualquier estímulo que llega a nuestros sentidos y cuando valoramos que hay algo que puede afectar a mi supervivencia o a mi bienestar (o al de las personas próximas), se activa la respuesta emocional.

En esta valoración está presente el grado en que valoramos el acontecimiento como positivo o negativo. Lo cual producirá emociones distintas. Se habla de emociones positivas cuando el acontecimiento se valora como un progreso hacia los objetivos personales o hacia el bienestar. Cuando el acontecimiento se valora negativamente es porque hay un obstáculo, un peligro, una dificultad, una ofensa, etc., que puede poner en peligro nuestra salud, el bienestar o la vida.

Un mismo acontecimiento puede ser valorado de forma distinta según las personas

Un ejemplo evidente es un partido de fútbol. Cuando se marca un gol, la valoración es diametralmente diferente por parte de los seguidores de los distintos equipos: unos se alegran y los otros se entristecen. Siguiendo a Rafael Bisquerra en su libro Cuando algún estímulo se valora como relevante, activa la respuesta emocional. En este caso se produce una triple reacción: neurofisiológica, comportamental y cognitiva.

El componente neurofisiológico consiste en respuestas como taquicardia, sudoración, vasoconstricción, cambio en el tono muscular, secreciones hormonales, cambios en los niveles de ciertos neurotransmisores, etc. Esta respuesta neurofisiológica o psicofisiológica es lo que permite identificar que estamos experimentando una emoción.

El componente comportamental coincide con la expresión emocional. La observación del comportamiento de un individuo permite inferir qué tipo de emociones está experimentando. El lenguaje no verbal, principalmente las expresiones del rostro y el tono de voz, aportan señales de bastante precisión. Su control voluntario es posible, pero normalmente no le prestamos atención y expresamos espontáneamente las emociones que experimentamos. La expresión emocional se puede disimular y se puede entrenar para disimularla. Esto es importante, ya que nos permite tomar conciencia de que la expresión emocional se puede aprender; se puede regular a voluntad, con formación y entrenamiento.

El tercer componente es la reacción cognitiva y consiste en tomar conciencia de la experiencia emocional subjetiva de lo que nos pasa por dentro. Permite tomar conciencia de la emoción que estoy experimentando, lo cual posibilita etiquetarla, en función del dominio del lenguaje. Por ejemplo: “siento un miedo que no puedo controlar”. Las limitaciones del lenguaje imponen restricciones al conocimiento de lo que me pasa en una emoción.

Estos déficits provocan la sensación de que “no sé qué me pasa”. De ahí la importancia de una educación emocional encaminada a un mejor conocimiento de las propias emociones y su denominación apropiada, para poderlas gestionar mejor. Ser capaz de poner nombre a las emociones es una forma de conocernos a nosotros mismos. Entender el universo emocional ayuda a conocer el campo de posibilidades.

El componente cognitivo coincide con lo que se denomina sentimiento. El sentimiento es la emoción hecha consciente. Una vez que la emoción se ha hecho consciente, con la participación de la voluntad, la podemos alargar o acortar en el tiempo y en la intensidad. Esto es la regulación emocional. Imaginemos la diferencia de alargar la ira, la tristeza y la ansiedad; o acortar esas emociones y en contrapartida alargar la alegría, gozo, amor, solidaridad, fluir, bienestar y felicidad.

Lo importante de todo ello es que sobre cada uno de los componentes de la emoción podemos intervenir. La intervención en el componente neurofisiológico supone aplicar técnicas de relajación, respiración, control físico corporal, etc. La educación del componente comportamental puede incluir habilidades sociales, expresión matizada de la emoción, entrenamiento emocional, sonreír, etc. La educación del componente cognitivo incluye introspección, meditación, toma de conciencia de las emociones, activar la voluntad para regular las emociones, entrenamiento mental para el cambio emocional, etc.

Aplicar la Inteligencia emocional

Para entender mejor la tabla periódica de las emociones, debemos ser conscientes de que la emociones predisponen a la acción, pero esto no significa que la acción tenga que darse necesariamente. Por ejemplo, me puedo sentir ofendido por el comentario de alguien y sentir una impulsividad a responder de forma violenta.

Esta predisposición a la acción de las emociones se puede regular de forma apropiada

Esto es muy importante: la acción impulsiva que tengo ganas de hacer no tiene por qué darse. Podemos regular nuestras emociones y dar una respuesta apropiada, que no sea la respuesta impulsiva. Esto es poner inteligencia entre los estímulos que recibimos y la respuesta que damos. Esto es inteligencia emocional.

Como podemos ver en la Tabla periódica de las emociones, una emoción es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a la acción. Las emociones se generan como respuesta a un acontecimiento externo o interno. Un mismo objeto puede generar emociones diferentes en distintas personas.

Las emociones son tan importantes en nuestras vidas que llegan a constituir rasgos de personalidad. Cuando pensamos en las personas que conocemos seguramente pensamos “es una persona muy … alegre, cariñosa, amable, ansiosa, triste, rabiosa, etc.” Es decir, asignamos como rasgo de personalidad la emoción que manifiesta con más frecuencia. Una tendencia a responder con ira, sin relación con la situación presente, es un rasgo de personalidad. Esto significa que vamos construyendo nuestra personalidad con las emociones que exteriorizamos. Y muchas veces no somos conscientes de ello.

Al tomar conciencia de la importancia de las emociones en nuestra vida y en nuestra personalidad, nos podemos preguntar: ¿Cómo soy realmente?, ¿Cómo me ven los demás?, ¿Cómo me gustaría que me vieran?, ¿Qué estoy dispuesto a hacer para que me vean como me gustaría ser?

Autoconocimiento, conciencia y regulación emocional

Todo esto nos conduce a la importancia del conocimiento de uno mismo, de la conciencia emocional y de la regulación emocional. Cuando aplicamos toda esta «astrofísica emocional» estamos construyendo nuestra personalidad. Cuando dos personas se encuentran y uno pregunta “¿cómo te sientes?”, muchas personas se limitan a responder “bien”.

Pero hay otras personas capaces de matizar más y pueden responder: satisfecho, entusiasmado, alegre, enamorado, feliz, indignado, ansioso, triste, decepcionado, frustrado, etc. El listado se puede alargar hasta más de quinientas posibles palabras que describen emociones que se pueden utilizar para explicar cómo nos sentimos.

Es importante aclarar que todas las emociones son buenas. El problema está en lo que hacemos con las emociones. Cómo las gestionamos determina los efectos que van a tener sobre nuestro bienestar y el de los demás. Pero siendo buenas todas las emociones, algunas nos hacen sentir bien y otras nos hacen sentir mal. Por esto a unas se las denomina positivas y a otras negativas en función de si aportan o no bienestar.

Tabla periódica de las emociones: Prácticas de gestión emocional

A continuación, te proponemos algunas herramientas y pautas para mejorar en tu gestión emocional, partiendo de la identificación y reconocimiento de tus emociones en primer lugar. Es algo muy útil ya seas víctima de la Ley del hielo o persona que lo aplica. Piensa que en las relaciones afectivas lo que más nos importa es nuestro bienestar emocional y que siempre tenemos parte de responsabilidad en lograrlo.

“Nuestro diálogo interior”

En este ejercicio hablamos sobre la conversación que constantemente mantenemos con nosotros mismos, no siempre basada en realidades. En la mayoría de los casos están basadas en interpretaciones que hacemos de la realidad. La distorsión errónea de la realidad puede provocarnos estados emocionales no deseados, llegando a provocar tristeza, sumisión e incluso agresividad. Una posible solución sería mirar lo que quieres ver. Enfocar tu energía hacia pensamientos que te ayuden a mejorar en tu relación y te eviten sufrimientos innecesarios a tí y a la otra persona.

Aplicación práctica: Toma conciencia de cuál está siendo tu diálogo interior. Llamamos “Rumiación“ a esos pensamientos constantes y reiterativos que inciden sobre nosotros constantemente. Puedes hacerlo a través de prácticas de mindfulness.

  1. Analiza si te hace daño o qué emoción provoca lo que te estás diciendo.
             
  2. Comprueba si tiene alguna utilidad.
             
  3. Crea un nuevo diálogo interior encaminado a hacerte sentir mejor.

Ejemplo:

  1. Me doy cuenta que tengo un pensamiento constante en el que me digo “mi pareja  no me presta suficiente atención a pesar de lo que yo le quiero, he sacrificado mucho para estar con ella y darle todo lo que ella necesita y sin embargo, en vez de quedarse conmigo se va a tomar café con sus amigas todos los viernes…
             
  2. Me hace sentir mal, triste, como si hubiera sido abandonado y despreciado.
             
  3. Este pensamiento no me sirve para nada. Si ella ha ido puede ser que necesite o también se divierta estando con otras personas o haciendo otras cosas sin mí y puede que yo también debiera aprovechar para hacer cosas por mí mismo.        
  4. Me digo “ella también tiene derecho a tener tiempo para estar con sus amigas aunque me cueste reconocerlo. No me sirve de nada sentirme abandonado y tampoco es cierto porque ella volverá para estar conmigo mucho más tiempo que con sus amigas. No tiene sentido sentirme mal por ello.”

Tabla periódica de las emociones: Identificación de nuestras emociones

Practica a continuación con la identificación de tus emociones. Ponerle nombre a lo que sentimos nos ayuda a gestionar nuestras emociones.

tabla periódica de las emociones

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