La adolescencia es un periodo de la vida bonito pero a la vez difícil y lleno de turbulencias emocionales pero gracias a sencillas prácticas de mindfulness para adolescentes podemos ayudarles a crecer emocionalmente en este periodo. Son muchas las ventajas de introducir el mindfulness en el aula, pero también en el hogar. Educadores, padres y madres tenemos un nuestra mano una magnífica herramienta para hacer que nuestros hijos e hijas aprendan a gestionar sus emociones negativas como por ejemplo el estrés y las inseguridades propias de la edad. En esta entrada encontrarás prácticas incluidas en el libro «Hacia la paz interior» de Thich Nhat Hanh, maestro zen vietnamita, poeta y activista por la paz, un libro muy recomendable para todo el mundo.

El mismísimo Dalai Lama comenta en el prólogo del libro: » Thich Nhat Hanh empieza por enseñarnos a conocer la respiración y a ser conscientes de los pequeños actos de nuestra vida cotidiana, a continuación nos muestra cómo utilizar las ventajas de tomar conciencia y de concentrarse para transformar y resolver los estados psicológicamente difíciles y, finalmente, nos expone la conexión entre la paz personal, la paz interior y la paz en la Tierra. Este es un libro realmente útil, capaz de cambiar la vida individual y la de toda la sociedad.»

Thich Nhat Hanh nos introduce en el tema con estas sabias palabras: «Somos muy buenos preparándonos para vivir pero no tanto viviendo. Sabemos cómo sacrificar diez años para la obtención de un diploma y tenemos la fuerza de voluntad necesaria para trabajar duro por conseguir un trabajo, un coche, una casa o ese tipo de cosas. Sin embargo, olvidamos que en este momento estamos vivos,
que este es el único momento en que podemos estar vivos.»

Los que somos educadores y a la vez padres y madres vivimos también directamente la montaña rusa emocional que a veces experimentan nuestros hijos/as o alumnos/as. Ya que aún no han aprendido a tener una buena regulación emocional, con frecuencia nos vemos inmersos en conflictos con adolescentes cuyos ataques de frustración, enfado o ira desembocan en situaciones muy desagradables para todos los implicados. No es preciso evitar cualquier conflicto a toda costa puesto que también suponen experiencias de aprendizaje para ellos/as, pero sí que es nuestra responsabilidad intentar que el conflicto no provoque sufrimiento ni una merma en las relaciones afectivas.

1.Mindfulness para adolescentes: Conoce tu mente: tú no eres tu mente

Aquí tenemos algunas prácticas inspiradas en las ideas que trata el libro y que pueden ayudarles a volver a la calma y a suavizar situaciones de conflicto emocional. Poco a poco pueden aprender a gestionar su rabia, ira o frustración y canalizarla de forma positiva hacia el crecimiento personal.

Con frecuencia los niños/as y adolescentes nos dicen que no pueden dormir porque tienen malos pensamientos, por ejemplo piensan en la muerte, en el rechazo de un amigo/a del que interpretan que han hecho algo mal, se sienten marginados por su físico, por un comentario, etc. Un estupendo ejercicio es hacerles conscientes de que su mente puede estar en una turbulencia permanente e incluso «inventando» cosas que no son reales, aunque a ellos les parezca que es así.

Por ejemplo a veces se encierran en pensamientos negativos como «soy demasiado flaco/ gordo/ torpe» o «no soy lo suficientemente fuerte/guapo/inteligente» y de tanto pensar en ello los pensamientos llegan a convertirse en la realidad para ellos.

2. Mindfulness para adolescentes: Tu tampoco eres las palabras/pensamientos que otra persona pueda pronunciar/tener

Mi hijo me dijo hace poco que un amigo que saca siempre mejores notas le había dicho con un tono despectivo: «Martín, tu no sabes ni sabrás nunca estudiar.» Me lo comentó con cierto enfado y por supuesto demostrándome que aquel comentario le había dolido. Probablemente pensaba incluso que era en parte cierto y por eso le molestaba tanto. Yo le dije: «Tú eres tú y no lo que otra persona diga que eres. La opinión de otra persona es solo eso, su opinión, no es ni tiene que ser tu realidad.»

Práctica: Piensa en cualquier objeto que tengas delante, por ejemplo un lápiz. Cógelo en tu mano y di en voz alta: «Esto de aquí es un bolígrafo.» ¿Se ha convertido el lápiz en un bolígrafo? Si un chico te dice «¡Maricón!» ¿Eso te convierte en un homosexual? ¿Ha cambiado algo en ti? Son solo sus palabras, su manera de definir la realidad que percibe o simplemente ganas de fastidiarte. Si dejas que te afecte un comentario negativo hecho con mala idea el único que sufre, inútilmente, eres tu.

Reflexiona un poco más: Piensa «¿Por qué me habrá dicho eso? ¿Qué ha pasado por su cabeza para llegar a decirme eso? ¿Qué motivos tendrá cuando realmente él sabe que no soy homosexual? Escribe sobre las razones por las que X persona te dijo Y que te molestó:

  1. …………………………………………………………………
  2. …………………………………………………………………
  3. …………………………………………………………………

¿Y si fue por qué siente que yo soy realmente mejor que él en algo? ¿Y si es porque me tiene envidia por algo y por lo tanto realmente admira eso de mí? ¿Será porque soy más simpático que él y las chicas hablan más conmigo que con él? ¿Será porque yo soy más extrovertido que él y realmente a él le gustaría ser más como yo en ese sentido?

Gestionar los insultos o comentarios negativos de otros amigos/as o compañeros/as es algo que provoca mucho sufrimiento en los adolescentes. Un simple comentario puede provocar miles de pensamientos en nuestra mente y con total seguridad, la mayoría pueden ser negativos. Nuestra mente «se monta una película» donde casi todas nuestras interpretaciones solo nos hacen dibujar una supuesta realidad negativa que nos hace sufrir.

Sin embargo, podemos hacerles entender que un mismo hecho puede tener diferentes interpretaciones según quién lo viva, quién lo observe y cómo lo haga. Todo depende de las gafas que te pongas para mirar algo o cómo tu mente interpreta lo ocurrido.

mindfulness para adolescentes

3. Mindfulness para adolescentes: «¿Tú también te has dado cuenta?»

Pongamos el caso de que un amigo/a te dice algo que te molesta porque realmente lo ha hecho para herirte, centrándose en tu punto débil, tu supuesto defecto. «Te estás quedando calvo.» Tu ya hace tiempo que estás notando que tienes realmente el pelo más fino, mñás escaso aunque aún tengas bastante pelo, pero es cierto que tienes menos que tiempo atrás. En tu fuero interno sabes que es cierto pero también sabes que te lo ha dicho para hacerte sufrir. Prueba a desmontar la estrategia de tu amigo y dile con sorna cerca del oído y una gran sonrisa en la cara: «Tu también te has dado cuenta ¿eh? La otra persona no sabrá qué decir ni cómo reaccionar porque se habrá dado cuenta de que no estás dispuesto a sentirte ofendido, todo lo contrario. No habrá ocasión para el conflicto.

4. Mindfulness para adolescentes y adultos: «La sala de la respiración» en casa

«Tenemos una habitación para cada cosa: comer, dormir, mirar la televisión… y sin embargo no tenemos una habitación para concentrarnos. Os recomiendo que habilitéis una salita de vuestra casa y la llaméis «sala de respiración», ha de ser un lugar donde estar a solas sobre todo en los momentos difíciles. Esa salita será el lugar donde refugiarse si los padres van a reñirle por algo y los padres nunca entrarán ahí a gritarle. También los padres pueden sentir la necesidad de refugiarse en esa habitación, de
sentarse, respirar y recuperarse a sí mismos. Como podéis ver, esa habitación es un bien
para toda la familia.


Podéis proveeros de una campanilla de agradable tañido, algunos cojines o sillas y, si puede ser, algún florero que os evoque la Naturaleza auténtica. Si te sientes agobiado sabrás que lo mejor que puedes hacer es dirigirte a esa sala, abrir suavemente la puerta, sentarte, hacer que suene la campanilla —en mi país no decimos «agitar» o «golpear» la campana— y empezar a respirar. La campanilla no solo ayudará a la persona que esté en la sala de respiración sino también a los demás.


Imagina que tu marido está enfadado. Sufres porque habéis discutido. Estás pelando zanahorias con cierta furia porque la energía del enfado la expresamos con nuestros movimientos. De pronto, oyes una campana y recuerdas qué es lo que debes hacer. Dejas de pelar zanahorias e inspiras y
espiras. Te sientes mejor y ya eres capaz de sonreír pensando en tu marido, que sabe lo que debe hacer cuando está furioso.


Vuestra hija, que había presenciado la escena, sabe que la tempestad está amainando. Se había encerrado en su habitación y esperaba en silencio. Pasada la tormenta ha escuchado la campanilla y sabe lo que significa. Se siente aliviada y quiere mostrarles su aprecio a sus padres. Va lentamente hacia la sala de respiración, abre la puerta, entra en silencio y se sienta junto a él para demostrarle su apoyo. Ese simple gesto reconforta muchísimo a su padre. Siente que el problema se ha solucionado, puede sonreír de nuevo y cuando su hija se sienta junto a él, hace sonar de nuevo la campanilla para que su hija
respire.

Desde la cocina, escuchas la segunda campanilla y comprendes que seguir pelando zanahorias no es una idea afortunada. Dejas el cuchillo y te vas a la sala de meditación. La puerta de la sala está abierta, tu marido te esperaba, entras. Pese a que ya se siente bien, permanece en su sitio y toca la campanilla para que respires. Es una escena hermosa.