¿Qué es el amor? ¿para qué sirve? ¿a dónde me lleva? ¿el amor me llena o me vacía? ¿se puede pensar que el amor no llene? El amor me llena porque es algo que busco, encuentro, consigo e incorporo, algo de lo que me apropio. El amor, una propiedad ¿el amor una propiedad? ¿el amado un objeto? Es que si el amor me llena, me completa, me expande, me engorda, entonces cuando amo el otro solo es un objeto para  mí,  el otro se convierte justo en el alimento necesario para mi crecimiento ¿entonces dónde queda el otro? o peor ¿queda un otro? Si el amor tiene que ver conmigo, ¿importa quién es el otro? ¿o importa que ese otro encaje justo en lo que yo necesito que el otro sea? Y si así fuera ¿no se transforma el amor en una relación con uno mismo? ¿pero eso es el amor? Si no hay un otro, ¿existe? ¿no puede ser el amor solo la ficción que nos inventamos para no asumirnos definitivamente animales? ¿no puede ser solo una distracción, una anestesia para olvidar que, pase lo que pase, igual nos vamos a morir?

Muchas, demasiadas preguntas, y sin embargo, un único dilema: o el amor tiene que ver conmigo, o el amor tiene que ver con el otro.

¿Cuál es el campo del amor? ¿por qué lo relacionamos con el matrimonio, el sexo, la monogamia, la reproducción? ¿por qué lo relacionamos con todo?  ¿pensar al amor, ayuda? ¿qué tiene para decir la filosofía sobre el amor? ¿no es la filosofía amor a la sabiduría? ¿no es la filosofía entonces un acto de amor? ¿y no padecen ambos la misma fatalidad? estar buscando infructuosamente algo que siempre se nos escapa, o peor, saber que aunque no hay nada, no podemos dejar de buscar.

Visión optimista del amor

En la versión cotidiana que fue llegando hasta nosotros, el amor siempre está relacionado a algo positivo. El amor trae la felicidad. Después están los hechos, e incluso en cualquier reflexión que hagamos del amor, se nos van abriendo otras perspectivas que lo van sacando de este optimismo ingenuo. Sin embargo, hay un amor idealizado que se nos presenta como un punto de llegada que nos parece teñir de felicidad toda la existencia. Pero, realmente ¿son el amor y la felicidad puntos de llegada definitivos? ¿el amor nos hace felices?

el amor y el otro

Epicuro y el amor-dolor

El amor tiene su origen en el dolor, Epicuro afirmaba que la felicidad se alcanza en la medida en que nada nos perturbe, ser feliz es alcanzar un estado de imperturbabilidad absoluta.  Lo que más nos perturba es lo que nos genera dependencia, ¿no se vuelve así el amor una fuente de perturbación permanente? Cuando amamos queremos que este estado, dure para siempre. Pero el problema es que nada es infinito, y así se genera una tensión de la que no salimos indemnes. El amor duele porque lo concebimos pleno y sin embargo, nunca cierra.

el amor y el otro

El amor como Eros

Los griegos no definían al amor de una única manera, una de ellas era a través del dios Eros. Eros es esa sensación que atraviesa nuestros cuerpos cuando descubrimos a la persona que estábamos buscando. En término cotidianos, Eros, es lo más parecido a nuestro estado de enamoramiento apasionado, es ese estado que modifica nuestra percepción sobre todas las cosas: todo se nos vuelve más dulce, más interesante, más profundo.

Eros, es estar flechado, no es sólo una metáfora sino que el dios Eros en la mitología romana era el dios Cupido, el dios niño, que se manejaba con su arco y su flecha. ¿Se puede estar así eternamente? ¿es esta forma del amor algo que puede perdurar?  Si Afrodita era la diosa que regía las experiencias sexuales, Eros era un dios con un poco más de alcance. Ya que como se deriva de su nombre, dota de erotismo cualquier actividad humana.

Sócrates dice en el Banquete de Platón, que amamos lo que nos falta y que cuando lo encontramos lo queremos para siempre. Pero, una vez que alcanzamos el amor ¿dejamos de desear? El amor surge de una carencia originaria, lo humano se define a partir de la falta. Y el amor es el intento permanente por completarnos. Por eso, con el enamoramiento, la sensación es de una sublime plenitud. Alcanzar ese estado de plenitud, a través del otro, es completarse a uno mismo. Y cuando nos enamoramos apasionadamente nos sentimos plenos, pero ¿es esto posible?

Cuando alcanzamos la plenitud, ¿qué sucede el día después? Conocemos a alguien, nos enamoramos, y luego, casi sin darnos cuenta ese estado comienza a amesetarse, se vuelve rutina, se aburguesa, y comenzamos a sentirnos embargados por el tedio. Es que la gran tragedia de Eros, es que se trata de un amor que cuando alcanza un punto de expansión máximo, siempre se derrumba. Se trata de un amor que cuando consigue su objetivo no se sosiega, se trata de un deseo que nunca puede colmarse. El problema entonces tiene que ver con el lugar del otro,  el amor de Eros es un amor sin otro.  Un amor que desotra ¿por qué sin otro? Porque Eros ama en función de un faltante, de lo que a mí me falta. Esta prioridad del “me” hace que la falta esté pensada desde uno mismo, se define la búsqueda en virtud del modelo de amor ideal que yo me hago, a partir de mis propias necesidades. Busco a alguien no por lo que esta persona me pueda dar sino a partir de lo que yo pretendo que el otro sea, no me abro al otro, sino que pretendo que el otro encaje en lo que yo necesito. Casi como si el otro debiera tener justo la forma de ese vacío de mi carencia, pero lamentablemente el otro nunca es lo que uno pretende, nunca encaja. Con lo cual se produce dos consecuencias: o el otro deja de ser el otro para encajar en mi modelo, o el otro no encaja y no hay vínculo posible.

amor agape

Weil y el amor como ágape

Pero se puede pensar al amor de otro modo, Simone Weil afirma que el ser humano, por naturaleza, busca permanentemente expandirse, desplegar su ser, ejercer su poder; lo humano se impone, se instala, acapara, va por todo ¿pero podemos ir en contra de nuestra naturaleza? ¿de nosotros mismos? Simone Weil nos da una pista: ¿y si el amor es una renuncia, una retirada?  Eso que los cristianos primitivos llamaban amor como ágape. Se trata de otra manera de definir al amor, un amor que no cosifica, un amor desde la desapropiación y el desapego, un amor con el que no se gana, sino que se pierda, se da, se entrega.

¿Se puede amar así en una pareja?  dice Adorno en Minima Moralia: “solo serás amado el día que puedas mostrarte débil, sin que el otro lo aproveche para mostrar su fuerza”. El otro muestra su debilidad y sin embargo, yo no invado, no lo aprovecho, me resisto al máximo a ejercer mi poder, me retiro para que el otro sea. Hay una prioridad del otro pero sobretodo una pérdida del yo, el otro no es una posesión sino que se desposee a la pareja. Es casi un amor que va en contra de nuestra naturaleza y por eso tiene algo de excepcional, de extraordinario, de locura. Un amor por fuera de la lógica del intercambio y del contrato. Es que si hay amor, no hay contrato; si hay contrato, hay acuerdo, estrategias, ganancias, pero no hay amor. El amor excede toda lógica, porque el amor es exceso. Entonces, ¿qué es al amor?

Deconstrucción del amor

En nuestra cultura occidental y cristiana, el amor siempre estuvo ligado con otros conceptos  que lo condicionaron y le impidieron otras perspectivas: la sexualidad, el matrimonio, la monogamia y la reproducción.  Este enjambre conceptual está en las bases de nuestra concepción sobre el amor, pero podemos desarmarlo un poco y pensar al amor de otra manera.

Amor y sexualidad

Empecemos con la sexualidad, ¿hay alguna una relación íntima y esencial en el placer sexual y el amor? ¿o se puede pensar al placer sexual circulando por fuera de todo proyecto, por fuera de todo tipo de institución, por fuera de toda metafísica el amor? Cuando Foucault se pelea con la teoría de la represión nos muestra que al sexo no se lo reprime, sino que está bien presente por todos lados: se habla de sexo, se lo explica, se lo vende, hasta se volvió más un tema de la medicina y así se lo fue sistematizando y clasificando. Así, el sexo se volvió materia del saber, pero en ese acto se lo perdió. El placer sexual no necesita ningún tipo de metafísica para desplegarse, es tarea repensar nuestros vínculos entre el placer y el amor.

Amor y monogamia

¿Qué es la monogamia? ¿es el amor un vínculo solo de a dos y que implica exclusividad?  ¿se podría sostener el orden social por fuera de la monogamia?  Pensar la monogamia es intentar resquebrajar la idea del amor como posesión. Es que en la medida en que se piensa al otro como propiedad, el vínculo se mercantiliza. Entre propiedad hay un intercambio dominado por la lógica de la ganancia, que es lo contrario al amor por el otro. Si el amor es retirada, entonces, no hay posesión, la monogamia no se sostiene. Hay algo en el vínculo monogámico que no cierra.

Parece difícil justificar la monogamia salvo que sea para fines productivos pero tampoco es fácil pensar nuestros vínculos en otro tipo de institución ¿cómo sería en la práctica un vínculo no monogámico? De hecho, la poligamia reproduce muchas de las limitaciones que la monogamia posee.  Tal vez se trate de pensar al amor por fuera de todo régimen normativo y dejarlo circular, crear acontecimientos, encuentros, situaciones.

Amor y el matrimonio

Tal vez el problema sea la institucionalización de todo amor, cuya concreción legal es el matrimonio, casi como si hubiera un pasaje natural desde el vínculo amoroso a esta figura del derecho con deberes y obligaciones que supuestamente expresa el espíritu del amor pero que traducido al lenguaje de la ley lo lleva al plano de lo contractual.  El matrimonio es un dispositivo productivo que ordena y normaliza la vía social, disciplina y reproduce el sistema. Casi que podría funcionar más allá del amor, casi que funciona mejor como dispositivo productivo cuando no hay amor.

Amor y reproducción

También se asoció al amor con la reproducción de la especie. Así el amor tendría un objetivo productivo, tendría un medio para otra cosa, casi como queriendo demostrar que el amor existe con el único propósito de perpetuar la humanidad. No nos queremos asumir animales que se reproducen y por eso buscamos un sentido más profundo y, sin embargo, está claro que la reproducción de la especie no necesita ninguna metafísica del amor. Basta con el mero encuentro sexual  y ni siquiera, con el avance de la ciencia y de la tecnología cada vez habrá menos una conexión esencial entre lo natural y la reproducción, ¿no nos imaginamos cada vez la reproducción humana desde la pura acción de la tecnología? Y además, ¿por qué tener sobre este supuesto solo una proyección apocalíptica? ¿por qué no pensar cuánto se liberaría al amor si ya no lo pensamos vinculado a la reproducción?

Pero entonces, ¿qué queda del amor? Si el amor no se relaciona con la sexualidad, ni con la monogamia, ni con el matrimonio ni con la reproducción, ¿qué queda del amor? ¿queda algo?

Deconstruir el amor, pensarlo en sus múltiples perspectivas, desapegarlo de sus implicancias productivas, recuperar su espíritu originario, que como toda búsqueda del origen nos arroja en lo desfondado. El amor, un imposible que solo siendo imposible cobra sentido, y que por ello cuando es posible nunca cierra. Pero ¿no es todo acto de amor un acto de apertura? Entre lo posible y lo imposible, el amor es esa conciencia partida que se pierde en el encuentro con el otro, un otro que me saca de mi mismo y me antecede. Retirarme para que el otro sea, sin estrategias, sin acuerdos sin utilidad. Ya ha ido demasiado la humanidad por el camino de la expansión de lo propio y la ganancia como único fin.

¿Y si probamos otra cosa? ir en contra de uno mismo y amar aunque se pierda, por fuera de toda lógica, porque sí ¿por qué no?


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Referencias:

Sztajnszrajber Darío: Mentira la verdad- El amor (transcripción).

Epicuro: Cartas a Meneceo.

Foucault Michel: Historia de la sexualidad.

Platón: El Banquete.

Weil Simone: La gravedad y la gracia.