Toda mujer quiere una relación afectiva desde la igualdad pero cuidado con los supuestos hombres igualitarios porque pueden no ser lo que parecen. Este artículo responde a un sentimiento de sororidad y de obligación hacia todas las mujeres y hacia dos al menos en particular. Es un relato real a partir de escuchar a dos mujeres hablar sobre el mismo hombre en unos términos y circunstancias que no son tan aisladas. Por ello quizás es necesario reflexionar y tomar medidas en lo personal y en lo político hacia el colectivo de los que yo llamaría «falsos hombres igualitarios.» No es oro todo lo que reluce.

¿Quienes son los «falsos hombres igualitarios»?

Al hombre esencialmente machista que aún no ha aceptado ni quiere el avance de la mujer ni quiere reformular su masculinidad fuera de los privilegios del patriarcado se le ve venir de frente. Así de simple. De esos te puedes esperar de todo. Luego está esa otra masa de hombres donde hay grupos de diferente índole:

a) Hombres de pensamiento y educación machista que han asumido que ya no todo vale y aceptan cambios como «ayudar» en la casa, la crianza de los hijos, etc.

b) Hombres que intentan disfrazarse bajo el paraguas del grupo anterior pero que a la primera de cambio se les puede ir también la pinza y acaban descontrolando en arrebatos de violencia, celos, inseguridades, etc.

c) Hombres que van de modernos e igualitarios porque entre otras cosas son «listos» y han aprendido a «mutar» o aparentar ser lo más parecido a un hombre «aceptado» por las «nuevas» mujeres, e incluso hacen todo lo posible por resultarles atractivos. Sin embargo realmente quieren seguir manteniendo poder y guardan a salvo en su interior esquemas mentales basados en su supuesta superioridad y narcisismo varonil más intrínseco. Algunos ni siquiera son conscientes de ser así y lo negarán hasta morir.

d) Finalmente están los hombres que realmente actúan de forma igualitaria porque han llegado a la plena conciencia de que un mundo justo necesariamente pasa por la igualdad comenzando por la palabra y el trato que le den a una desconocida, compañera, amiga o familiar y acabando en la última letra de una ley. Saben cuándo deben dar un paso atrás, ceder la voz y respetar desde la plena igualdad. Estos últimos por desgracia aún no son los suficientes.

El hombre del no-perfil

El penúltimo grupo, por suerte muy reducido, que hemos llamado «falsos hombres igualitarios» suele pasar desapercibido pero sin apenas darnos cuenta pueden llegar a intentar minar la esencia del movimiento por la igualdad o lo que es peor maltratar de forma muy sutil a muchas mujeres. El hombre del que hablaban estas dos mujeres podría responder a un perfil similar.

Hombre de mediana edad, divorciado, inteligente y con estudios superiores, luchador por la custodia compartida, de izquierdas, comprometido con la política/activismo social y por ende asiduo de cualquier manifestación, campaña o evento relacionado con la igualdad, la prevención de la violencia de género, ecologismo, colectivos varios LGTBIQ+, AMA, anti TIPP, anti-deshaucios, anti-recortes, anti-racista, anti-etc.

No obstante, siento decir que en el caso de este tipo de hombres a veces se cumple esa fea frase de que al final «por sus actos los conoceréis.» Por sus actos en lo público y sobre todo en lo privado porque el problema es que en ellos la teoría y la práctica no van necesariamente de la mano. Por desgracia el siguiente ejemplo corrobora que bajo la falsa apariencia de un hombre igualitario puede encontrarse un opresor encubierto con medios tan sutiles que la mujer más inteligente puede ser una presa fácil. Ambas lo habían sido y ambas eran mujeres «leídas,» inteligentes, resueltas, independientes, críticas y feministas más o menos activistas. Ambas se lamentaban ahora de la relación con ese hombre al que ellas mismas habían tratado con cojines de plumas, y a quien habían abierto su corazón como compañeras, amigas o Amantes (de Amor con mayúsculas).

Juntos pero cada uno/a en su peldaño

Una de ellas se lamentaba de la traición a su cariño y su amistad en un contexto profesional donde la proyección pública de él se vio amenazada y frustrada debido a la elección por parte de otros a favor de ella. Entonces él se retuerce en su frustración y la ataca e intenta desprestigiarla en público y en grupos. Pone en duda sus capacidades, la acusa de interesada y trepa olvidando todo el componente emocional y la amistad que había habido entre ellos y que ella nunca había defraudado. Tampoco da crédito ella a que él hubiera olvidado cómo habían trabajado juntos, cómo ella le había apoyado cuando él la necesitó en todos los ámbitos incluido el personal y emocional. Simplemente él no aceptaba que puestos a elegir la hubieran elegido a ella.

El relato de la otra mujer no vino sino a dibujar con trazo aún más fino y claro y de forma demoledora los sutiles pero no menos enrevesados caminos de la manipulación que este falso hombre igualitario había transitado con ella. Habían comenzado siendo amantes aunque ella tenía una relación estable con otro hombre. Cuando ella se da cuenta de que se ha enamorado y cree percibir que él tiene también sentimientos se lo dice. Obtiene como respuesta una coraza bajo el discurso de: «No estoy enamorado … no quiero ser el responsable de tu ruptura.» Hasta aquí todo aceptable, honesto y claro salvo por lo que vino después.

El discurso de los hombres que «marean la perdiz»

Una vez él reconoce el patrón de «mujer-enamorada-hasta-las-trancas» se ve ante un claro desequilibrio de poder emocional a su favor del que sabe puede verse beneficiado: es una mujer inteligente, atractiva y generosa en su entrega física y emocional dispuesta a cambiar su vida de un día para otro. Pero eso último no es lo que él quiere porque eso le obligaría a abrirse emocionalmente, comprometerse y perder su independencia. No le interesa enamorarse ni complicarse la vida pudiendo tenerlo todo sin cambiar su estatus.

Así que comienza un ciclo de idas y venidas, de dosis de «sí, pero necesito tiempo,» de «tengo dudas,» de «no quiero perderte… uno no es de piedra» y de «pero si tengo que decidir mi respuesta es NO y también de «pero no me hagas decir que es un No para siempre…» En definitiva: te quiero para lo que yo quiero y no te quiero como tu quieres pero como no quiero perder esta relación te mareo todo lo que pueda hasta que ya no tenga más remedio que decir la verdad de lo que siento y lo que soy.

De flor en flor: El amante peregrino

Una vez separada, ella vuelve a luchar por esa relación basada en un amago por parte de él de querer apostar por ese amor. Pero el discurso emocional y las «hipótesis» de amor que él despliega no son sino subterfugios llenos de dudas y silencios. Estas dudas desvelan que realmente se siente acorralado emocionalmente y opta por la retirada en sus planes. Se da cuenta de que en este contexto ya no es posible la cómoda situación de sexo sin compromiso. ¿Miedo al compromiso o narcisismo tóxico encubierto?

Por ello finalmente decide librarse de una vez de ese insistente amor que él realmente no quiere con una frase final que él mismo reconoce cinicamente como «dura»: «Mira, a mí me apetece follarte un montón de veces. Punto. Es lo único. Lo único.»

Al escuchar la historia de esta mujer, la otra le contesta sin un atisbo de asombro ante los detalles: «Ha hecho lo mismo con casi todas antes de tí.» Después comienza a relatar el currículum sexual-amoroso de este su ex-amigo «igualitario» y cómo había dejado a todas en el momento en el que tenía que «pringarse» emocionalmente o se le acababa el chollo de sexo sin compromiso. El discurso de «libertad,» independencia y amor sin ataduras parecía haber sido utilizado por este sujeto como un recurso para disfrutar de las mujeres aún sabiendo que podía causar mucho daño emocional.

¿Tara o maltrato emocional?

Desde el momento en que se reconoce enamoramiento por una de las partes, pasamos a otro tipo de relación. En esta relación uno/a se aprovecha de la debilidad del otro/a que se encuentra literalmente absorbido por los efectos físicos y psico-emocionales del enamoramiento. La realidad que nos rodea habla por sí sola. Escasean las mujeres que «marean la perdiz» y continúan una relación sólo porque quieren mantener a una pareja para el sexo. Sin embargo abundan las historias de relaciones donde el hombre hace eso mismo para al final huir del compromiso y de la relación definitivamente. El discurso defensivo de ellos es: ·»me sentía presionado por ella,» «tenía dudas,» «la quería pero no tanto como ella a mí,» «necesitaba más tiempo para enamorarme…». Pero al final se aprovechan de la situación alargando la relación sexual hasta que la huida es inevitable porque realmente nunca están preparados emocionalmente para el amor.

La liberación femenina ha ayudado al despegue emocional de la mujer de roles tradicionales del amor romántico. No obstante, aún hay mucho trabajo por hacer. No solo todavía muchas mujeres tienen que aprender a desapegarse, a aumentar su autoestima e independizarse emocionalmente. También hay muchos hombres que aún no han aprendido a gestionar su mundo emocional fuera del juego de poder y del rechazo al compromiso o dependencia emocional. Podríamos decir que aún hay hombres con una tara emocional o bloqueo. Este bloqueo les impide abrirse y tener relaciones afectivas satisfactorias sin la presión e influjo de mecanismos de poder patriarcales que chocan con la deseada igualdad entre los sexos. Aún les queda mucho por hacer.

Reconoce a los falsos hombres igualitarios

Tarde o temprano aparecen situaciones en las que se puede reconocer a este tipo de falso hombre igualitario, que suele ser:

  • intransigente a la hora de aceptar críticas hacia sus posturas aunque éstas críticas sean mayoritarias o consensuadas.
  • Es muy «guay» hasta que se presenta una situación de desventaja o perjuicio personal y entonces se hace el «víctima» aunque sea injustificable esa postura. Debido a la falta de argumentos usa ese victimismo para ocultar la frustración de que no todo se haga según sus deseos. Todo ello bajo una falsa queja de que no se respeten sus posturas, sus ritmos, su perspectiva. Realmente lo que pretende es imponer, al más puro estilo patriarcal, su visión sobre las cosas. Está convencido de que su visión es la más acertada aunque haya una mayoría (de mujeres y hombres) en su entorno que opinen otra cosa.
  • Es comprometido en la superficie pero sin llegar a un compromiso real a través del sacrificio o entrega personal. Tanto a nivel de amistad, compañerismo y a nivel amoroso disfrazan su supuesta solidaridad hacia la mujer por puro interés propio. Sólo hacen esto hasta que sus más egocéntricos deseos se tuercen. Entonces emerge su verdadera naturaleza.
  • Incapaz para negociar desde la diversidad hacia la igualdad y el entendimiento. Hace uso de formas autoritarias para analizar los conflictos y para actuar sobre ellos desde una sola perspectiva. La suya.
  • Frialdad y absoluta falta de empatía cuando surge un conflicto. No es capaz de amar y no tiene competencia emocional para: ser capaz de valorar el afecto recibido por la otra persona; corresponder en una adecuada medida o ser claro desde el principio hasta el final.
  • Deficiente en la creación de un apego sano dentro de una relación afectiva.

Cuidado con ellos

Pero lo más preocupante es que estos comportamientos se disfrazan con una supuesta postura constante por colaborar con la mujer en pos de la igualdad en todos los ámbitos… ¿Salvo en el afectivo? Utilizan lenguaje inclusivo con TODAS siendo no sólo políticamente correctos sino activamente políticos y combativos con el tema de la igualdad.

No nos engañemos. Sigue habiendo lobos disfrazados de corderos y siguen haciendo daño y minando la autoestima, la dignidad y la confianza de muchas mujeres. Ellas sufren estas formas sutiles (o no tan sutiles) de maltrato psicológico o emocional contra las que a veces es difícil luchar. La razón es obvia: estos hombres son considerados, en primera instancia, «de los nuestros.» No. No siempre lo son.

Aprende a reconocerlos.

Quítales el velo, cuéntalo si es tu caso o el de otras mujeres que conoces para impedir nuevas víctimas. Y si tu eres la víctima …. contacto cero, MANTENTE LEJOS.