Ya se encuentra publicado el libro «La Ley del hielo»: Cómo afrontar el maltrato del silencio, de la serie Revolucionamorarte: La Buena Vida. En este libro se identifica cuándo estamos o nos están aplicando la ley del hielo y cómo afrontarlo. Ya seas “víctima” o “verdugo” este libro te será de gran ayuda y te aportará estrategias para afrontarlo y lograr unas relaciones afectivas satisfactorias. 


¿Alguna vez te ha pasado que has tenido un conflicto con tu pareja o con un familiar y ello desemboca en una situación sin salida donde lejos de resolverse el problema acaba en una completa falta de comunicación por una de las partes?  ¿Alguna vez tu pareja te ha ignorado como si no estuvieses presente después de una discusión? 

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La Ley del hielo

Estoy segura de que en alguna ocasión nosotros/as mismos/as hemos también hecho algo parecido cuando nos hemos enfadado con otra persona: nuestros padres, hermanos, nuestra pareja e incluso con nuestros amigos. Decidimos unilateralmente hacer voto de silencio y no hablar con esa persona, e incluso fingir que les ignoramos por completo haciéndoles sentir invisibles. A priori, tan solo es silencio, sin embargo, es un silencio muy peligroso que repetido en el tiempo puede ser una forma de abuso psicológico y maltrato emocional.

Eso es lo que se llama aplicar la Ley del Hielo, un comportamiento que presentan algunas personas en sus relaciones emocionales y que consiste en ignorar a la otra persona o sus demandas/preguntas manteniéndose en silencio. Se llama así porque suelen utilizarlo personas que resultan excesivamente frías, mostrando mucho control sobre sus emociones pero que normalmente esconden problemas psicológicos, afectivos o/y de comunicación de las emociones. No obstante, hay que distinguir entre reaccionar con una rabieta y negativa a hablar después de un conflicto y aplicar la Ley de hielo como técnica recurrente para manipular y controlar a la otra persona. En este libro profundizaremos especialmente en estos casos en los que se produce un maltrato emocional y psicológico que debe ser identificado y gestionado correctamente. 

La ley del hielo es una forma de ejercer poder sobre otra persona con la intención de controlarla, lastimarla y mostrarle nuestro enfado. No debemos confundir la ley del hielo con la decisión de dejar de hablar a otra persona para reducir la intensidad de una situación conflictiva y posponer el diálogo en términos más calmados. Ya que también puedes usarla para manipular a los demás es importante que conozcas sus efectos y la uses de una forma constructiva y que anime la comunicación posteriormente.

Tomemos posibles relatos-modelo para ver las diferencias: 

Jessica nunca estaba segura de qué era lo que ella hacía que enojaba a su marido Alfred y que provocaba que dejara de hablarle. Jessica experimentó el silencio de Alfred por primera vez cuando aún eran novios y él la vio feliz bailando con un amigo. Salió de la discoteca sin decir adiós, y se negó a hablar con ella o incluso reconocer su existencia durante semanas. Con el discurrir de los años, Jessica aprendió a vivir con los crueles silencios de su ya marido y continuaba cocinando, lavando y doblando su ropa incluso cuando la ignoraba durante largos períodos. La ley del hielo generalmente terminaba con Alfred tomando a Jessica  para tener sexo por la noche. A la mañana siguiente, actuaba como si ese silencio nunca hubiera sucedido y se negaba a discutirlo. Jessica sabía cuándo su marido estaba enfadado porque ponía una cara seria que le decía que debía ser especialmente sumisa y no llevarle la contraria. Él le hablaba sin sonreír y con un tono frío y distante. Jessica sabía que Alfred estaba tratando deliberadamente de hacerla sentir mal y esos silencios y frases frías la ponían extremadamente nerviosa mientras se esforzaba aún más por hacer que Alfred se sintiera mejor, silenciando sus propias necesidades y deseos.

Martín, de 16 años, quería un móvil para ir al viaje que organizaban en su instituto a Croacia y su padre le prometió que si leía un libro que le había regalado pagaría la mitad de lo que necesitaba para comprarse el móvil. El resto lo pondría de sus ahorros. Unos días antes de que llegara el móvil su padre le recordó que tenía que terminar el libro pero Martín, que acababa de volver de la calle con sus amigos se enfrentó a su padre gritándole y acusándolo de chantajista y de obligarle a hacer algo que sabía que él no quería. Se puso a gritar que no solo no iba a leer el libro sino que tampoco iba a hacer otras cosas que su padre le había pedido. Su padre le dijo que iba a cancelar el pedido, lo que hizo que Martín se enfureciera mucho más. Su padre se negó a contestar las provocaciones de Martín y cerró la puerta de su habitación negándose a hablar con él hasta el día siguiente. Martín se negaba a irse y se sentó delante de la puerta para seguir gritando y acusando a su padre de ignorarle y manipularle, hasta que un rato después se cansó y se fue a dormir.

Ser ignorado es especialmente difícil para una persona pero mucho más cuando está enfadada y fuera de sí (caso de Martín) o para alguien que está aislada por el abuso y el control coercitivo (caso de Jessica). Claramente podemos ver que el silencio se aplica con intenciones muy diferentes. En un caso el silencio es un vehículo para el maltrato emocional a través de la Ley del hielo, mientras en el otro es un instrumento para “enfriar” situaciones muy conflictivas. 

Cuando hay un conflicto, de la misma forma que cuando tienes una contusión y te pones hielo para que baje la inflamación y disminuya el dolor, es bueno enfriar la situación y calmar la mente acalorada. Así evitamos decir cosas que realmente no sentimos pero que podríamos decir para defendernos y hacer sentir mal al otro/a. Este aparente frío emocional, si se aplica con moderación, produce el efecto analgésico necesario para retomar la comunicación cuando ambas personas estén más calmadas y puedan pensar con claridad y no desde el acaloramiento de la discusión. 

Los seres humanos tenemos un apego muy grande hacia nuestro ego y cuando alguien nos critica o cuestiona nuestras acciones el impulso más frecuente es reaccionar atacando, incluso cuando sabemos que pueden tener parte de razón. «Enfriar» significa no hablar sobre el tema durante un rato, distraerse, respirar, salir a dar una vuelta (avisando al compañero/a de que te vas con la intención de volver a hablar cuando estés más tranquilo/a), escribir en tu diario o hablar con un amigo/a que te ayude a verbalizar el conflicto y verlo con más claridad.

¡Ojo! Debemos tener en cuenta que guardar silencio a veces es sano, pero solo cuando hay mucha exaltación por una o ambas partes y lo más coherente es hacer una pausa para relajar el ambiente y que no siga volviéndose intenso. Aquí no estaríamos hablando de la Ley del Hielo.

 Lo más dramático es cuando el silencio se extiende en el tiempo o se repite con frecuencia como una táctica recurrente y la víctima depende de la aprobación del abusador para sentir que tiene algún valor, como en el caso de Jessica. De hecho, muchas personas dicen que odian más que le apliquen la Ley del hielo que los insultos o gritos. Cuando les gritan, al menos saben lo que está pasando por la mente del abusador y pueden evaluar mejor su propia seguridad (o la de sus hijos) y su respuesta. 

En toda relación personal pueden surgir conflictos y lo normal es que a nadie le gusten los conflictos ya que suele llevar a sensaciones desagradables. Los conflictos son necesarios pues nos permiten interactuar y conocer mejor a la otra persona, llegar a acuerdos, negociar las diferencias y definitivamente expresar nuestros sentimientos y necesidades. Sin embargo, no todo el mundo sabe gestionar los conflictos y diferencias cuando se presentan y mucho menos en las relaciones afectivas. No es fácil y si no nos han educado en el uso de estrategias para gestionar los conflictos desde el diálogo, puede que necesitemos aprender sobre ello para evitar sufrimiento propio y ajeno. 

Los seres humanos reaccionamos de forma muy diversa a los conflictos y la falta de comunicación es sin duda uno de los problemas y causas de gran parte del sufrimiento emocional en las relaciones afectivas. La gran mayoría de conflictos interpersonales se encuentran en la comunicación. Aunque el ser humano es por naturaleza sociable y necesita de la comunicación y relación con otras personas, no siempre lo hacemos de la manera correcta. El diálogo entre las personas es fundamental para una buena relación. Un error muy común y que produce crisis en la pareja o en la familia es aplicar la ley del hielo.

A veces puede que hayas sido tú quien intenta solucionarlo como sea, porque no quieres permanecer en ese silencio que os separa durante horas y en los peores casos durante días o incluso meses y años. Pero chocas una y otra vez con un muro de hielo que no reacciona y te ignora cerrándose aún más con tu insistencia. No sabes qué hacer y puede que no sepas ni por qué reacciona así. Ello crea una distancia emocional  (y a veces también física) que te tortura y ya no sabes si debes pedir perdón o hacer lo mismo y dejarle tiempo para pensar.

También puede suceder que seas tú quien aplica la Ley del Hielo sin ser consciente de por qué lo haces, ni de las consecuencias e implicaciones en la futura relación afectiva con esa persona que es la víctima de tu comportamiento.

En este libro vamos a explorar la Ley del Hielo como uno de los conflictos causados por la mala comunicación y gestión emocional que tanto hace sufrir a los seres humanos. Al ocurrir con muchísima frecuencia en el entorno más cercano de la pareja y la familia, provoca un sufrimiento que podríamos evitar si trabajamos algunas técnicas de control y gestión emocional. De hecho, el verdadero problema es cuando la víctima del silencio sufre y entra en un bucle de inseguridades, dudas, miedos o incluso entra en una depresión que complica aún más la resolución del conflicto y la recuperación de la relación afectiva. En esos casos nos encontraremos con un claro ejemplo de maltrato psicológico y emocional ante el que se debería reaccionar con firmeza. 

Es fundamental aprender a identificar cuándo estamos o nos están aplicando la ley del hielo ya que es una forma de abuso psicológico encubierto por parte de alguien que no sabe cómo afrontar los conflictos. Por tanto, ya seas “víctima” o “verdugo” este libro te será de gran ayuda y te aportará estrategias para afrontarlo y lograr unas relaciones afectivas satisfactorias donde el diálogo sea el principal instrumento para conocernos mutuamente o si es el caso, estrategias también para hacer frente a quien te pueda estar aplicando la ley del hielo y evitar ese  maltrato. 

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