¿Por qué nos molesta tanto el comportamiento o comentarios de algunas personas? La ley del espejo nos dice que esas personas reflejan una parte de nosotros oculta o algo reprimido. Según el experto en coaching japonés Yoshinori Noguchi, esta ley nos ayuda a entender cómo lo que sucede a nuestro alrededor es un reflejo de nuestro interior. La Ley del espejo nos lleva mucho más allá. Nos hace descubrir aquello que deberíamos cambiar en nosotros/as mismos/as y en nuestra visión de la vida. De hecho, los expertos apuntan a que ser conscientes de «nuestros reflejos» nos ayudaría a solucionar problemas que tenemos con los demás.

Ello es así porque la Ley del espejo nos dice que el origen de esos sentimientos negativos que tenemos no los genera la otra persona. Son «nuestros sentimientos» y por tanto son algo que está en nosotros/as. Está en nuestra mano gestionar esas ideas o creencias que tenemos hacia los demás o hacia nosotros mismos/as incluso.

Cuando sentimos furia, es un sentimiento propio que empieza y acaba en nosotros y que no se tiene que replicar en los otros/as. Nuestra mente nos monta historias que retroalimentan esos sentimientos negativos hasta hacernos explotar. Creemos que efectivamente esa persona es mala y nos quiere hacer daño. En muchos casos no es así y todo es una proyección nuestra. Nuestra reacción precisamente provoca que la relación empeore.

Muchas de las cosas que nos ocurren son un espejo o proyecciones que creamos nosotros mismos de la realidad. No existe una realidad sino múltiples realidades para cada uno de los individuos. Por eso el mundo no puede ser por definición malo ni triste sino a través de las realidades concretas que así se perciben por cada uno de nosotros/as.

Esto no es algo nuevo sino que ya los grandes maestros como Buda, Jesús, Platón, Sócrates ya eran conocedores de la capacidad humana de creación de realidades mediante proyecciones o espejos propios. La verdadera realidad no es otra que la que creamos desde nuestro propio interior.

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El espejo de nosotros mismos

De ahí viene la idea de la caverna de Platón donde aquellos que están en la caverna creen que las sombras en la pared son la realidad cuando realmente solo son una proyección de la realidad que hay afuera. Es también la misma idea del lema inscrito en el Templo de Apolo en Delfos, «conócete a ti mismo» y que Sócrates repetía constantemente. Esta frase apela a la necesidad de comprender y conocer nuestro mundo interior para poder después entender la realidad de afuera y así encontrar la verdad. Otra forma de leer esta frase es considerando el autoconocimiento como un paso fundamental para acceder al conocimiento, a la verdad de las cosas fuera de nosotros.

Buda decía «Somos lo que pensamos. Todo el mundo surge de nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos creamos en mundo.» Con nuestros pensamientos tenemos la capacidad de crear, tanto lo bueno como lo malo. Si pensamos en nuestras relaciones personales entendemos también la frase de Khrisnamurti. «No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos.» Esta necesidad de conocernos primero nosotros nos ayuda a entender por qué nuestra realidad es como es, ya que es un reflejo de lo que somos, tal y como indica la ley del espejo.

La tabla esmeralda

Ya desde tiempos immemoriales esta idea aparece recogida en la tabla esmeralda, que data del año 3000 a. C. y es uno de los textos más antiguos que existen sobre el tema. Este texto, atribuido a Hermes Trimesgisto, describe los siete principios de funcionamiento del universo y fue traducida al latín por el mismisimo Newto. Uno de ellos es el de «como es dentro es fuera, como es arriba es abajo.» Esta frase fue y sigue siendo considerada por muchos como la clave para todos los misterios. Según ella, lo que suceda en cualquier nivel de la realidad, ya sea física, emocional o mental, ocurre también en todos los otros niveles.
A menudo se interpreta como la relación entre el macrocosmo -el Universo- y el microcosmo -el ser humano-: dentro de cada uno está el otro, de manera que si entiendes uno, puedes llegar a entender el otro.

Los reflejos y las «sombras»

Ya desde los tiempos de psicoanalistas como Carl Yung se hablaba de la «sombra» que todos/as tenemos. Esta sombra no es otra cosa que ese otro YO, paralelo al que creemos ser. Este otro yo puede ser muy diferente ala imagen que tenemos o queremos tener de nosotras mismas. Nuestra sombra es como una mochila emocional donde hemos ido guardando cosas a lo largo de la vida. Guardamos todas aquellas experiencias o actos propios repudiables, desagradables que no queremos ver, ni asumir y por tanto preferimos ocultar y reprimir.

En su libro «Cómo integrar tu sombra,» José Antonio Delgado González trata sobre la cara oscura de la personalidad. También nos habla sobre la importancia de integrarla en nuestra consciencia en el proceso de convertirnos en seres completos.

La construcción progresiva de la sombra

«Dedicamos gran parte de nuestra vida a definir quiénes somos en relación con el mundo y con las demás personas. Durante la infancia consideramos que lo más importante es sentirnos seguros, amados y protegidos por nuestros padres, familiares y amigos. Al llegar a la adolescencia, vemos el mundo como algo desconocido y misterioso, que nos produce un sentimiento contradictorio de miedo y de curiosidad. Intentamos separarnos de nuestros padres, asumiendo ciertos riesgos, y en el proceso de descubrir quiénes somos vamos creando nuevas relaciones sociales y formas diferentes de ver el mundo.

Cuando, por fin, tras mucho empeño y con grandes dosis de esfuerzo, hemos logrado todo aquello que habíamos deseado, embelesados por el éxito -profesional, familiar, social, etc.-, las cosas se empiezan a torcer, y tenemos la impresión de que todo conspira para que, justo aquellas metas que nos habíamos propuesto y que considerábamos de la mayor importancia para nuestra vida, se nos escapen sin remedio. Es entonces cuando el lado oscuro de nuestra personalidad hace acto de presencia.

La sombra está constituida, por tanto, por todo aquello que hemos rechazado, reprimido o suprimido para adaptarnos a las expectativas de las personas que han tenido un papel determinante en nuestro desarrollo. Los contenidos rechazados por nuestra consciencia suelen ser aquellos que no están bien vistos por la sociedad en la que vivimos: pensamientos, sentimientos, ideas, aptitudes, percepciones, emociones u ocurrencias que pueden ser mal acogidas en nuestro entorno inmediato.

Cómo integrar tu sombra

Toda tentativa de controlar y expulsar nuestra sombra está abocada al fracaso, pues hará que ésta se muestre de mil y una formas distintas, cada vez más renovada y con un exultante y revitalizado vigor.

El principal error que se comete, cuando uno entra en contacto con su sobra, es el pretender su inexistencia y tratar de escapar a la tensión que genera su admisión… Tras la confrontación con nuestra sombra, la personalidad se amplía y adquirimos una nueva identidad que no coincide ni con la persona que creíamos ser, ni con los aspectos y contenidos de la sombra.»

Yoshinori Noguchi recrea en su libro sobre la ley del espejo la posibilidad de asumir e integrar esta idea de nuestra «sombra» en la vida cotidiana. Este autor nos sitúa delante de un espejo para enfrentarnos con nuestro interior que es, en definitiva, el que determina todo lo que nos sucede en la vida.  Como diría Jung, “Lo que niegas, te somete y lo que aceptas, te transforma”.

La vida es un espejo de tu interior

Si partimos de la necesidad de conocernos a nosotros mismos porque la realidad es una proyección de lo que somos estaremos más cerca de entender nuestro interior y el exterior. Si podemos desligar lo que creamos de lo que hay fuera y de los demás, podremos crear un mundo más positivo, dentro y fuera.

En su libro «Aprendiendo a amar: Cuando tu cambias todo cambia,» Covadonga Pérez-Lozana profundiza en esta idea y la conecta con el mundo de las emociones. No sabemos quienes somos, somos una incógnita para nosotros mismos.

«La vida nos pone delante a todas aquellas personas que nos hacen de espejo para que podamos reconocernos fuera y aprender quienes somos. Es decir, las personas que nos rodean, tanto las que nos gustan como las que no, reflejan aspectos de nosotros mismos.

Todo lo que ves tiene que ver contigo y las personas que te rodean son tus espejos; son personas que tienen sistemas de creencias similares a los tuyos o tienen aspectos en común contigo. O, en otro orden de cosas, han venido a enseñarte algo… Somos enormemente complejos y los que me rodean me están mostrando toda mi complejidad. Me muestran mis facetas ocultas, incluso aquellas que no conozco acerca de mí misma.

La pareja es el espejo por excelencia

Si todas las personas nos hacen de espejo, la pareja es el espejo por excelencia. Es el espejo continuo, aquel del que no te puedes escapar. Todas las relaciones humanas nos enseñan cosas acerca de nosotros mismos… Las relaciones de pareja son el principal instrumento al servicio de la vida para nuestro autoconocimiento… El propósito de una relación de pareja es hacernos conscientes, para ayudarnos a recordar quienes somos. Así podemos ver nuestro ego reflejado fuera y de este modo trascenderlo.

La vida nos rodea de relaciones que nos muestran quien somos y aquello que necesitamos aprender. Si necesito aprender a poner límites, me pondrá al lado a alguien invasivo. De este modo no me quedará más remedio que transitar el camino del aprendizaje a decir «no», por mucho que me cueste al principio. Si soy una persona dependiente y con miedo a la soledad, me pondrá al lado a parejas que me abandonen una y otra vez. Así no me quedará más remedio que enfrentarme a ese miedo para de ese modo trascenderlo.»


¿Cómo funciona la ley del espejo?

La ley del espejo es una herramienta de autoconocimiento. Yoshinori Noguchi propone 4 maneras en las que esta ley funciona para entender qué está reflejando el mundo exterior de nuestro interior.

La similitud

La similitud sugiere que nosotros mismos reaccionamos de manera abrupta cuando observamos algunos rasgos negativos en otras personas y que nosotros mismos poseemos. Estas personas ‘reflejan’ un lado que nosotros mismos tenemos pero consideramos oscuro o poco agradable. Es la sombra de la que hablabamos anteriormente. Sin querer, nuestro inconsciente reacciona rechazando un acto o una persona como mecanismo de defensa personal. Sin embargo, la similitud nos muestra una manera en la que un espejo puede ayudarnos a ver aquellas cosas que consideramos defectos, aceptarlas y poder transformalas.

La oposición

La oposición funciona justamente de manera opuesta a la anterior. Noguchi sugiere que en muchos casos tenemos determinados conceptos, principalmente de identidad, tan arraigados dentro de nosotros mismos (soy educado, soy tolerante, soy amable…) que el simple hecho de vernos expuestos a personas o circunstancias que reflejen lo contrario nos enfadará de manera desmedida. Esto sucede como refuerzo de la propia identidad, es una manera en la que nosotros mismos nos recordamos lo que somos y a lo que no nos queremos parecer.   

Comportamiento con otros

La ley del espejo nos muestra también que en determinadas circunstancias reaccionamos de manera desproporcionada con personas que nos reflejan como nosotros mismos nos estamos comportando con otras personas. A través del enfado o de reaccionar ante estos hechos nuestro inconsciente nos ‘protege’ de que recordar que no estamos actuando de la mejor manera posible con otras personas.

Un buen ejemplo de esto podría ser la infidelidad. Supongamos que estás casado y tienes una aventura con una tercera persona pero recientemente descubres que tu amante está conociendo a otra persona. Es muy probable que reacciones enfadándote o reprochando a la persona con la que tienes una aventura porque ‘refleja’ la infidelidad que tú mismo estás cometiendo con otra tercera persona con la que estás casado.

La idealización

El último método para ser consciente de la ley del espejo es mediante la idealización y suele ser el más común. Consiste principalmente en ‘contaminar’ con nuestras expectativas internas las relaciones con los demás. Es decir, nos enfada y entristece cuando una persona externa se comporta de una manera que nosotros mismos creíamos imposible. De esa manera esta persona nos hace de ‘espejo’ mostrando nuestra decepción con que las cosas sean como nos gustaría a nosotros que fuesen. La idealización sirve para darnos cuenta de como percibimos las relaciones con los demás. Realmente están basadas en lo que queremos que sean en vez de aceptar como son realmente.

Un buen ejemplo de la idealización suele surgir en el contexto de pareja. Cuando conocemos a alguien inmediatamente creemos que es ‘perfecto’ para nosotros. Le atribuimos características como que es por ejemplo detallista, cariñoso, con capacidad para escuchar y generoso. Sin embargo, en el primer momento en el que veamos un comportamiento egoísta, ‘pasota’, se olvide de cosas importantes y no escuche, tú mismo te decepcionarás. La imagen mental que te habías construido mediante la ‘idealización’ no encaja con lo que estás experimentando.

Si eres capaz de ver situaciones con personas, lo que estos reflejan de ti y quieres cambiar la sensación de enfado o decepción, el autor japonés propone que una vez lo tengas claro, orientes tu comportamiento al perdón.

Noguchi muestra a lo largo del libro la importancia de ‘soltar’ el resentimiento u odio hacia alguien para poder encontrar la paz interior que habita en cada uno de nosotros.

¿Cómo sanar los ‘espejos’ de mi vida?

El experto en coaching japonés propone 8 pasos para perdonar y sanar la relación con los ‘espejos’ de tu vida.

  1. Qué no puedes perdonarles: piensa en esas personas que han estado o están en tu vida a las que no puedes perdonarles determinadas cosas. Apunta todo aquello que no puedes perdonar y la persona.
  2. Pensamientos negativos: Recoge todos los aspectos negativos que tiene esa persona.
  3. Identifica y entiende: Una vez que hayas hecho lo anterior busca exactamente las cosas que hizo y que a día de hoy no has sido capaz de soltar. Después intenta analizar aquellos motivos por los que pudo hacerlo y considera si tú has hecho eso mismo con otra persona, ¿por qué crees que podrías haberlo hecho?
  4. Ahora aplica el espejo y pregúntate: ¿Qué refleja esta persona/este hecho de mí mismo/a? Si puedes intenta identificar si ocurrió por similitud, oposición, comportamientos con otros o idealización.
  5. Agradecimiento: Una vez tengas claro lo que ha sucedido y lo que refleja de ti mismo/a, identifica aquellas cosas por las que estás agradecido a esa persona a la que no puedes perdonas. Si puedes, escribe una lista de motivos por los que le agradeces en tu vida.
  6. Perdona con palabras: Para esta parte tendrás que recordar aquello que esta persona ha reflejado de ti mismo y perdonártelo a ti mismo y a él/ella.
  7. Pide perdón: Una vez que hayas sido capaz de poner en perspectiva lo anterior y perdones a esa persona siendo consciente de lo que ha reflejado de ti, observa como te has comportado tú. Es posible que habiendo visto el espejo que ha hecho, quieras también disculparte por el posible daño causado.
  8. Aprendizaje: Este encuentro o esta persona concretamente está intentando enseñarte algo de ti. Intenta ser consciente de lo que debes aprender, siendo consciente del tipo de ‘espejo’ que supone en tu vida y como quieres de ahora en adelante llevar la relación.
  9. Perdona de verdad. Si aún sigues guardando algo de rencor a esa persona el autor japonés propone que te digas a ti mismo ‘Le perdono’ todas las veces que consideres necesarias hasta que sea verdad. Noguchi resalta que aunque la ley del espejo actúe a través de otras personas, el perdón no deja de ser a uno mismo.

Beneficios

La ley del espejo es una brillante herramienta de autoconocimiento personal. Te hará comprender como tu visión del mundo y tus relaciones cercanas no son más que un reflejo de ti mismo. A través de esta ley podrás perdonarte muchos aspectos personales de los que quizás no eras ni consciente.

Así podrás empezar a cambiar el sufrimiento por la paz interior. Podrás también de este modo reconocer e integrar tu «sombra» y liberarte con todo ello del sufrimiento y de sentimientos negativos. La ley del espejo puede ser sin duda una regla mágica para solucionar nuestros problemas con los demás.


Referencias y lecturas complementarias: