¿Qué es la Distimia y por qué afecta a más mujeres que hombres? Estudios recientes apuntan a que la Distimia femenina podría estar relacionada con las construcciones del amor y con el duelo amoroso en una relación insatisfactoria. Exploramos varias investigaciones y artículos para comprender mejor qué es la Distimia o depresión leve.

La palabra distimia significa según su etimología «estar sin ánimo» y se nombra por primera vez en el Timeo de Platón como uno de los aspectos generadores de las «enfermedades del alma.» En el sentido actual el término viene empleándose desde 1980 y se refiere a una depresión crónica de carácter leve, que puede distinguirse de la depresión mayor.

La distimia es un tipo bastante común de depresión menor y se calcula que hasta el 4% de las personas la padecen. Se sabe que el sexo es un factor diferenciador significativo en este trastorno, afectando más a las mujeres y provocando en ellas más discapacidad.

¿Una depresión de mujeres?

Actualmente las estadísticas apuntan que las mujeres son de dos a tres veces más propensas a padecerlo respecto a los hombres. Sin embargo, en niños el trastorno se presenta en la misma proporción en niños que en niñas El hecho de que la Distimia afecte más a mujeres que a hombres a partir de la adolescencia es sin duda llamativo.

¿Cómo afecta y qué es la Distimia en el caso de las mujeres? Rodríguez Bidot señaló que la distimia es común en culturas en donde la mujer tiene asignada una carga alta de responsabilidades. Muchas veces, son madres solas. “Se ha observado que la prevalencia de la condición es más alta en las mujeres. Personas que tienen un estilo de vida rígido, son perfeccionistas y sus expectativas de sí mismos o de la vida, son irreales”, describió la experta. También pueden padecerla personas que han atravesado por una situación de vida que les afectó significativamente de manera adversa, y no contaron con las destrezas emocionales para afrontar o resolver la misma. Así ocurre en los estudios llevados a cabo por el investigador José María García donde el concepto del amor y las dificultades en las relaciones amorosas pueden influir en el desarrollo de la distimia.

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¿Qué es la Distimia?

La distimia queda definida por la OMS (CIE-10) como una depresión leve de curso crónico requiriéndose para su diagnóstico como mínimo dos años de evolución. Pero ¿sabemos realmente qué es la Distimia?

La distimia NO ES: una depresión mayor ni se asocia a síntomas maníacos o psicóticos y los síntomas son más leves.

La doctora Rosa Mª Echavarria también señaló que es posible que las personas que tienen el trastorno distímico presenten períodos de estado de ánimo normal que duren hasta dos meses y que sus familiares y amigos no sepan que su ser querido está deprimido, porque la persona distímica es funcional. De hecho, no presenta fluctuaciones de excitación ni emociones intensas grandes como los bipolares, ni tanto deterioro emocional depresivo como la depresión crónica.

A veces puede estar asociada a un duelo, frustración de un proyecto o simplemente por una desilusión. Generalmente tras un tiempo la mayoría supera el mal trance y pero al gunas personas en cambio reaccionan con una tristeza persistente. Desarrollan entonces una enfermedad depresiva que además de l humor triste les traerá sentimientos de auto reproche y a veces incluso síntomas somáticos cefaleas o problemas digestivos.

La distimia SÍ ES: una alteración del humor, de modo que la persona se mantiene depresiva “todo el día” y “todos los días.” Se desarrolla al menos durante dos años aunque pueden darse los síntomas en periodos intermitentes durante ese periodo.

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¿Qué causa la distimia?

Nadie sabe con certeza cuál es la causa de la distimia, pero pudiera estar relacionada con algunos cambios en el cerebro que involucran la serotonina (sustancia química que ayuda a manejar las emociones y a emitir juicios). Además, la serotonina, un neurotransmisor, puede tener un máximo más bajo de tasa de absorción en las personas con distimia.

Por otro lado, en mujeres con distimia, la actividad de la monoaminoxidasa plaquetaria, que es necesaria para el funcionamiento de los neurotransmisores, puede tener un nivel más bajo.

Síntomas de la Distimia

Los síntomas pueden ser persistentes o intermitentes. La Distimia se caracteriza por un abatimiento prolongado del estado de ánimo y tristeza. La persona que la padece pierde el interés por las cosas y a menudo se ve a sí misma como inútil y poco interesante. Se acompaña, frecuentemente, de ansiedad, hipocondría, fobias, cavilaciones obsesivas.

  • Poco apetito o voracidad
  • Insomnio o hipersomnia
  • Poca energía o fatiga
  • Baja autoestima
  • Dificultades para concentrarse o para tomar decisiones
  • Sentimientos de desesperanza
  • Aislamiento social
  • Anhedonia
  • Sentimientos de incompetencia
  • Culpa y tristeza del pasado
  • Irritabilidad o ira excesiva
  • Descenso de la actividad o eficiencia

Los estudios apuntan a que el 70/80% de los casos de Distimia empiezan en la adolescencia y se extienden a lo largo de los años. Es por eso que muchas personas llegan a pensar que realmente son así, que esa es su forma de ser ya que no se tratan debidamente a lo largo del tiempo. Normalmente estas personas incurren en pensamientos de reiterado fracaso personal que van menguando su autoestima paulatinamente. Finalmente, existen algunos casos con riesgo de suicidio si no se trata bien.

Aunque los síntomas mencionados suelen ser compatibles con un funcionamiento adecuado en el medio social, no es rara la presencia de desencadenantes y la existencia de conflictos no resueltos. De hecho los estudios como el que mencionamos se cdentran

Componentes subjetivos en la aparición y mantenimiento de la Distimia

El estudio llevado a cabo por José Manuel García Arroyo (Dpto Psiquiatría, Universidad de Sevilla) se realizó a 32 mujeres diagnosticadas con Distimia con el objetivo de encontrar los componentes internos que sustentaban los síntomas depresivos. La investigación que se realiza con estas mujeres no es una mera descripción sino que pretende saber qué les sucede realmente estimulándolas a que desplieguen la palabra para que, a través de ella, muestren cuáles son sus problemas. Se estudian los componentes subjetivos que se ponen en juego en la aparición, mantenimiento y/o estabilización del síntoma (depresivo) y así comprender mejor qué es la distimia.

En general las mujeres que padecen distimia tienen un desconocimiento absoluto de qué les ocurre, achacando su estado a cuestiones baladíes o a aspectos biológicos de diferente envergadura (p. ej. genética, hormonas, menopausia, …). Más tarde, ellas mismas reconocen que tales expresiones les sirven para no plantearse las circunstancias reales que motivan su dolor, pues éstas les resultan sumamente penosas de (re)conocer.

Conflicto crónico de pareja

En estas mujeres se reconoce la existencia de un conflicto de pareja de carácter grave y eso las llena de desasosiego; este hallazgo no se realiza de una sola vez, sino de modo progresivo. Al mismo tiempo, expresan rabia o resentimiento hacia su compañero sentimental llegando incluso a situar el problema en él y no en si misma. Digamos que las distímicas suelen colocarse en el papel de víctimas. Tienen necesidad de descargar emocionalmente y aliviar tensiones al tiempo que se hallan preocupadas por tomar conciencia de un problema hasta entonces no verbalizado y, por lo tanto, desconocido.

Reconocimiento de un desengaño

Tras un periodo de tiempo estas mujeres acaban por reconocer que el problema se encuentra en ellas, más que en su compañero sentimental. Es un momento estelar en el que se acepta la existencia de una desilusión respecto al «objeto de amor» porque la pareja ya no se ajusta a lo que se espera de él o no es cómo ellas inicialmente habían imaginado, o no se sienten atraídas ya sexualmente y finalmente les molesta la presión sexual de la otra parte.

Palabras como «Yo me casé con mucha ilusión» son típicas en estos casos de desengaño y decepción sentimental.

La separación (sentimental) o «soledad de dos en compañía»

«Se identifica, a lo largo del proceso, que se ha producido una desinserción sentimental de la pareja» extendida en muchas ocasiones a lo largo del tiempo y los años. A eso hay que añadir el deterioro de la comunicación y la confianza mutua. «Resulta curioso contemplar cómo estas mujeres, a pesar del «divorcio sentimental» al que se encuentran abocadas, no suelen separarse de sus compañeros. Se trata de un hecho singular que pone en cuestión la idea generalmente admitida acerca del «duelo» o separación de algo/alguien sobre el cual los actos de amor ya no pueden efectuarse más.

Para comprender la situación de la mujer que pasa por este trance es preciso diferenciar entre «separación física» y «sentimental», ya que ambas no tienen por qué ir unidas.

«En esta coyuntura, la desunión afectiva no es reconocida ni por la paciente ni por el profesional que la atiende…. debido, entre otras razones, a que lo evidente de la definición de «duelo» no se produce: la «separación física» (muerte, divorcio, etc.).»

En la actualidad hemos llegado a una «separación sentimental» sin «separación física.»

Las molestias psíquicas de la distímica hay que conectarlas con el «cadáver de relación» que están viviendo: dos personas separadas sentimentalmente que continúan juntas, pudiéndose calificar de «soledad de dos en compañía». Optar por esta «no-separación» puede ser racionalizada de modo conveniente y de muchos modos (no podré mantenerme económicamente, con esta edad ya no podré rehacer mi vida, me verán como una fracasada, le daría un disgusto a mi familia, etc.).

Muchos son los signos que se muestran: falta de comunicación efectiva, inexistencia de acuerdos y funcionamiento independiente, evitación de la proximidad (dedicando más tiempo al trabajo del necesario), distanciamiento de las relaciones sexuales, etc.

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La idealización de la relación sentimental

Las personas estudiadas idealizan la relación sentimental hasta el extremo, presentando inicialmente grandes expectativas sobre la misma, hasta el punto de que ésta se constituye en la «tabla de salvación» de sus vidas (salir de casa, ser independientes, cambiar psicológicamente, dejar atrás un pasado lleno de frustraciones, etc.).

No es extraño que, cuando encuentran a su potencial pareja, se llenan de una ilusión arrebatadora que se transforma, más tarde, en una desilusión proporcional al grado de idealización previo. Pueden haber estado años batallando entre sus deseos y la realidad e incluso reconocer que realmente no conocían bien a sus parejas cuando decidieron casarse o empezar la relación. Tienden a utilizar expresiones como «el hombre de mi vida» «mi media naranja,» «un amor de cuento»…

Como apunta José María García, se aprecia que estas mujeres realmente no conocían a sus parejas cuando decidieron convivir con ellas y lo que no sabía se ha llenado con fantasías.

Estas mujeres, si están casadas, suelen estar atrapadas en matrimonios infelices que no conducen ni a la reconciliación ni a la separación.

La pérdida interna del ideal del amor; el vacío demoledor

Los resultados del estudio de García Arroyo revelan que estas mujeres mantienen un contacto perturbador con sus parejas, y que ello sería uno de los principales motivos originarios del dolor psíquico que muestran. En las mujeres estudiadas se descubrió una dinámica de pérdida como en casi toda depresión distímica o neurótica. Sin embargo, esta pérdida no resultaba ser un simple desamor pues «si se simplificase a ello se resolvería con el divorcio de la mujer y la búsqueda de otra pareja», dice el psiquiatra. Muy al contrario, todas las mujeres seguían impertérritas con quienes eligieron.

La perdida en ellas era interna: una pérdida del ideal del amor en conjunto.

«Las afectadas mostraban que se habían jugado su vida prácticamente a una carta, la del amor. No les interesaba realmente nada más. Por ello, cuando el amor fallaba y perdían la ilusión en éste se producía un vacío demoledor que las derrumbaba».

La investigación revela que el amor para ellas es un agarre de su personalidad, el resto de elementos como los amigos, trabajo o hobbies, no les mantiene vivas, en todo caso, sólo las alivia temporalmente.

Según García Arroyo, «llegamos a la conclusión de que estas pacientes más que “amar al hombre” se puede decir que “aman al amor” y, por si fuera poco, aquellas cosas que poseen (trabajo, hijos, amistades, etc.) y que podrían haberlas ayudado en la situación depresiva que atraviesan, no les sirven de mucho. …. Afirmamos, en definitiva, que nada puede ya taponar el vacío al que se ven abocadas tras la deconstrucción del “ideal romántico” que las sostenía.

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El amor es una droga

¿Incapaces de amar o víctimas del «amor romántico»?

Las pacientes de distimia que menciona el estudio de García Arroyo pueden efectivamente ser víctimas de un amor formado de fantasías sobre la pareja, de creer en el hombre perfecto como si de un cuento de príncipes azules se tratara. Se, y no basan el amor en el conocimiento real del ser humano que pueda ser su compañero.

No estamos de acuerdo con el investigadora cuando afirma que «vislumbra en estas mujeres una cierta «incapacidad para amar «, ya que más bien han sido víctimas del constructo cultural del amor romántico. Puede ser cierto que más que “amar al hombre” se puede decir que “aman al amor” pero también es preciso reflexionar y analizar qué ha llevado a estas mujeres a hacer que el amor romántico sea tal agarre de su personalidad.

Es muy triste que la mayoría de estas mujeres prefieran instalarse en la depresión a asumir que su estructura mental sobre el amor de fantasía es fallida. «Resignificar el amor para ellas es muy duro porque ha sido así durante años», concluye el psiquiatra García Arroyo. Hacerlo sería como perder el “ideal
romántico”, que las mantiene vivas e interesadas en existir.

Por ejemplo, en el caso de mujeres jóvenes, se aprecia la influencia de este concepto de «amor romántico» a través del desarrollo de una casi obsesión por tener novio. Piensan que sólo una vez tengan un novio que les quiera podrán ser felices. Pueden llegar a descuidar su propia formación y estudios por la excesiva concentración en este amor romántico.

Tratamiento de la distimia

Según Hechavarría, si la causa de la distimia es exógena (debido a alguna situación particular), es probable que el paciente, con psicoterapia solamente, pueda recuperarse y las expectativas son muy favorables. “Si la causa de su distimia en endógena, entonces tendría que combinar psicoterapia y farmacoterapia y su recuperación también sería favorable”, señaló.

El plan de tratamiento dependerá de las necesidades de cada paciente y, en el mismo, se pueden integrar actividad física, psicoterapia y eventos sociales.

Los dos tratamientos principales que se proponen desde el servicio de salud para la distimia son los medicamentos y la terapia del habla (psicoterapia). El enfoque del tratamiento dependerá de factores como la gravedad de los síntomas, el deseo propio de abordar problemas emocionales o transitorios y otros problemas emocionales que se puedan tener.

La terapia feminista: Deconstruir el concepto de amor romántico

Como la depresión leve que es la Distimia puede tratarse con psicoterapia, un instrumento muy útil que consiste en hablar con un profesional sobre tu trastorno o problemas relacionados. La psicoterapia también se conoce como terapia conversacional o asesoramiento psicológico. Los diferentes tipos de psicoterapia, como la terapia cognitivo-conductual, pueden ser efectivas para trastornos como la Distimia,

Sin embargo, en este artículo también proponemos una terapia necesaria cuando hablamos de deconstruir mitos como el del amor romántico cuyos efectos negativos pueden apreciarse claramente en el caso de la Distimia y apoyados por las investigaciones.

Para empezar debemos tener presente que los tópicos asociados al amor romántico son socialmente e históricamente construidos y los interiorizamos casi de forma inconsciente, por lo que influyen en nuestra creencia y nuestros actos en el ámbito de las relaciones de pareja.

Los mitos del amor romántico distorsionan el amor y las relaciones afectivas y, en películas, libros y series, se han plasmado siempre de una manera idealizada y extremadamente romantizada, algo que, por lo general, no ocurre en la realidad.

Nos referimos a ese ‘felices para siempre’, a encontrar ‘el príncipe azul’ o ‘mi media naranja’ y a ‘mira qué mono es mi novio/a, que se pone celoso’, entre otras cuestiones. Infinidad de películas a lo largo de la historia del cine han reflejado el amor romántico haciéndonos creer que ya forma parte de nuestra sociedad y muchas veces, como una manera de llevar nuestras propias relaciones.

Podemos considerar el amor como un constructo cultural, con una importante base biológica y emocional, que determina cómo deben ser la afinidad y las relaciones afectivas de las personas; es decir que la cultura contribuye a edificar nuestra visión del amor.

Es por ello que cuando lo que hemos aprendido sobre qué y cómo debe ser el amor choca con la realidad que vivimos como mujeres provoque patologías como la distimia. Ese concepto de amor romántico es una construcción social y cultural que ha servido durante siglos para que las relaciones afectivas se rijan por unas «reglas» que obviamente no responden al interés de ambas partes por igual. Para explorar más sobre este tema te invito a visitar los siguientes artículos.

Lecturas recomendadas:

La construcción sociocultural del amor romántico (Especialmente recomendado, de la experta en el tema Coral Herrera)

Los mitos del amor romántico

El buen amor no duele

Debates y Blogs para trabajar los mitos del amor romántico en el aula

LIBROS:

Dueña de mi amor: Mujeres contra la gran estafa romántica de Coral Herrera

Cómo disfrutar el amor: Herramientas feministas para transformar el mito del amor romántico de Coral Herrera


Obras citadas / Bibliografía:

CIE:  Organización Mundial de la Salud. 10ª Revisión de la clasificación Internacional de las Enfermedades: Trastornos Mentales y del Comportamiento. Madrid: Ed. Meditor, 1. 992.

García Arroyo, José Manuel, Fernandez-Argüelles Vinteño, Pedro:
Los «Otros Duelos» o los Fundamentos Inconscientes de la Distimia. En: Psiquiatría.Com. 2007. Pag. 28-34

García Arroyo, José Manuel, Domínguez López,Maria Luisa, Fernandez-Argüelles Vinteño, Pedro:
Estudio Psicológico del Trastorno Distímico en la Mujer. En: Actas Españolas de Psiquiatría. 2011. Pag. 331-333