La epicaricacia es una palabra prácticamente desconocida cuyo significado da miedo pero para lo que todas las personas deberíamos estar preparadas. El término español no existe aún en la RAE, aunque se usa. El más usado es el término en alemán «Shadenfreude» y el término en inglés «Epicaricacy.» Ciertamente, parece un concepto cercano al sadismo pero veremos que es mucho más común entre las personas de lo que se piensa en primera instancia. Con frecuencia se aproxima al más cercano término en español «regodearse.» En cualquier caso, estamos hablando de lo opuesto a la compasión por otras personas.

En Revolucionamorarte pretendemos conseguir cambios a nivel local para que todo cambie a nivel global y para ello exploramos diferentes áreas humanas de actuación como la educación, la filosofía, las ciencias, los estudios de género, etc. Intentamos enfocarnos en lo positivo para lograr cambios positivos en nuestra vida y en la de los demás. Sin embargo, a veces es preciso conocer los comportamientos nocivos para la sociedad y así detectarlos en nosotros/as mismos/as o si alguna vez nos cruzamos con personas que lo presenten y afrontarlo correctamente.

Epicaricacia – Origen de la palabra

Schadenfreude es una palabra procedente del alemán que significa «alegría por el daño.» Y básicamente es eso, un fenómeno psicológico que tienen las personas con poca o nula empatía y compasión. Como es lógico, se asocia a personas con problemas para relacionarse y establecer vínculos afectivos con una personalidad antisocial. En algunas ocasiones está muy relacionado con la envidia y el deseo de que ver a otros sufrir casi como un acto de venganza emocional.

La palabra epicaricacia viene del griego epikhairekakía ‘alegría ante el mal’, de epikhaírō ‘me alegro’ (a partir de epi- y khaírō ‘alegrarse’, del protohelénico *kʰəřřō ‘alegrarse’, a su vez de la raíz protoindoeuropea *ǵʰer- ‘anhelar, codiciar’), y kakós ‘mal’ (posiblemente relacionada con la raíz protoindoeuropea *kakka- ‘hacer caca’).

¿Cuándo ocurre la epicaricacia?

¿Cuándo ocurre? Los expertos dicen que suele producirse este sentimiento o fenómeno cuando la persona piensa que la que sufre el daño realmente lo tiene merecido o cuando el daño es pequeño pero nuevamente sirve de advertencia y aprendizaje que queremos para la otra persona o cuando el daño no es por nuestra culpa pero el hecho de que el otro lo sufra nos libra de que recaiga sobre nosotros.

Cuando la situación no es para nada grave en cuanto al daño podemos identificar la epicaricacia más bien como el acto de regodearse en el infortunio ajeno. La RAE define el «regodearse» como la sensación de «complacerse maliciosamente con un percance, apuro, etc., que le ocurre a otra persona». Ciertamente, este tipo de sentimiento está muy extendido y casi todas las personas podemos identificar una situación en la que hemos sentido cierto placer al ver cómo alguien que nos cae mal o que es una opositor en el trabajo, por ejemplo, comete un error en público, mete la pata verbalmente, hace el ridículo o simplemente fracasa en un proyecto o encuentra dificultades para hacer algo.

Curiosamente, este sentimiento se aprecia con mucha mas frecuencia en la infancia, mucho más que entre las personas adultas, posiblemente debido a que los niños y niñas aún no han desarrollado suficientemente la empatía. Por otro lado, las personas adultas que lo experimentamos solemos ser conscientes de que es un sentimiento reprobable y lo normal es intentar ocultarlo para que los demás no perciban lo que realmente sentimos.

Epicaricacia partisana

En una sociedad como la actual donde cada vez más se polarizan las ideas y las posiciones políticas la epicaricacia toma una forma muy clara y evidente en el espectro político. El concepto de partisano está relacionado con aquellas personas que siguen de forma intensa los ideales de un partido político. Por tanto, la epicaricacia partisana sería el disfrute de las desgracias sufridas por los miembros del partido político de signo contrario al de la persona que lo experimenta. Es decir, es la satisfacción que una persona siente cuando un miembro político o seguidor del partido rival se ve envuelto en un escándalo, desgracia personal o política.

En Estados Unidos se ha llevado a cabo un estudio por los investigadores Webster, Glynn y Motta, («Partisan Schadenfreude and Candidate Cruelty») que confirma que los votantes de EEUU caen en la llamada schadenfreude partisana en las posturas más extremas de las cuatro temáticas estudiadas: las políticas dirigidas a la atención sanitaria, impuestos, cambio climático y pandemia. Según el estudio, las personas que tenían una opinión más polarizada habitualmente manifestaba disfrutar con el sufrimiento de las personas que pensaban exactamente lo contrario. Curiosamente, estas personas también eran más proclives a expresar su postura política públicamente y a ir siempre a votar.

Otro hallazgo revelador es que estas personas tenían la tendencia a elegir acciones o actuaciones que pudieran provocar más daño en el partido o grupo de apoyo contrario al suyo. Según las estadísticas, parece que entre un 5% y un 15% de los votantes aceptan ese tipo de políticas tan agresivas que buscan el daño del grupo rival. Por lo tanto, ese es el porcentaje aproximado de individuos que practican la schadenfreude partisana, o lo que es lo mismo, el gozo con la dolencia del seguidor del partido político contrario.

Epicaricacia en el deporte

La epicaricacia se revela en diferentes ámbitos y aunque pareca algo paradójico también surge en el deporte entre las personas que por ejemplo apoyan a equipos tradicionalmente enfrentados en las competiciones. Esto aumenta considerablemente cuando se produce un enfrentamiento directo. En esos casos, la epicaricacia o shadenfreude por los fallos o derrota del contrario, puede provocar la reacción agresiva del contrario que sufre el daño o la desventaja y acabar en una auténtica guerra campal. Por esta razón se moviliza e intensifica la vigilancia policial en encuentros deportivos donde los hinchas más radicales suelen propiciar situaciones de violencia física.

epicaricacia shadenfreude

En otro estudio, se observó que ante el triunfo del equipo propio o bien la derrota del rival, se activaba la región estriada ventral del cerebro. Por el contrario, si se presenciaba la derrota de los locales o bien el triunfo de los contrarios (nótese que son eventos equiparables para estos aficionados), dicha activación se detectaba en la ínsula y en la corteza cingulada anterior. Además, el hecho de esa activación tenía una alta relación con la probabilidad de que estas personas fueran capaces de realizar una agresión a un seguidor del equipo contrario.

Aunque se debe realizar mucha más investigación para llegar a conclusiones más definitivas sobre las bases neuronales de Schadenfreude, ha surgido un patrón claro a través de la literatura existente. La base neuronal de este concepto bien puede ser la intersección de la inactivación de áreas típicamente involucradas en la preocupación empática (por ejemplo, la ínsula y el ACC) y la activación de áreas que indican el procesamiento de recompensas (por ejemplo, el cuerpo estriado ventral).

En la imagen anterior se conceptualiza este patrón a través del angelito y el diablo en el hombro. No solo está presente el diablo (que representa el placer por el dolor de los demás), sino que el ángel (que representa la empatía) tampoco está allí para contrarrestar el impacto del diablo.

¿Cómo tratar la falta de empatía?

Ya hemos visto que la epicaricacia es un sentimiento muy extendido que tarde o temprano nos afecta en mayor o menor medida y por supuesto con diferentes grados de «gravedad.» No es lo mismo disfrutar viendo el sufrimiento humano que alegrarnos del fracaso de un competidor, que es hasta cierto punto casi «natural.» El nivel de afectación por el sentimiento es importante porque sentir placer por la desgracia de otros demuestra un alto grado de falta de empatía y de humanidad y eso es algo reprobable a nivel moral.

Tratar de controlar o evitar este sentimiento es por tanto algo a lo que debemos aspirar desarrollando un sentimientos opuestos pero infinitamente más positivos para todos: la empatía y la compasión. No deberíamos permitirnos no ya disfrutar sino ni tan siquiera una actitud de mera indiferencia ante el sufrimiento ajeno.

Aquí tienes algunas claves para ser una persona más empática:

  • Practicar la escucha activa con la intención de entender al otro
  • Partir de la base que tu forma de ver las cosas es única y que todos los puntos de vista son válidos y respetables
  • Entrenar la capacidad de entender las propias emociones como base para entender las de los demás
  • Evitar aconsejar si no hay una petición expresa.
  • Enfocarse en comprender al otro en lugar de juzgarlo

Además, es muy recomendable que nos apliquemos también todo esto:

  • Eliminar los prejuicios y los estereotipos
  • Evitar relativizar el problema del otro. Lo relevante es si para él es importante y no lo que pensemos del mismo
  • No sacar conclusiones precipitadas ni recurrir a explicaciones simplistas
  • No sólo prestar atención sino mostrar interés
  • No tener prisa y respetar los tiempos

Un factor clave cuando queremos ser más empáticos/as es trabajar nuestra capacidad de escucha activa, que se define en Wikipedia como «una serie de comportamientos y actitudes que preparan al receptor a escuchar, a concentrarse en la persona que habla y a proporcionar respuestas (feedback).» En nuestro día a día tendemos a replicar comportamientos que no facilitan la escucha activa y que de hecho la obstaculizan. Por ejemplo:

  • Centrarnos en nosotros. De este modo en una conversación nos centramos en nuestras preocupaciones o experiencias relacionadas con el tema en lugar de escuchas las de la otra persona.
  • Hablar en vez de escuchar. Nos preocupa ante todo la idea que queremos transmitir y no lo que estamos percibiendo.

¿Cómo desarrollar la escucha activa?

¿Qué debemos hacer para fomentar la comunicación empática y la escucha activa? Si el propósito es entender al otro, primero hay que aceptar que a veces no podemos entenderlo todo inmediatamente. Es útil hacer preguntas, por ejemplo, parafraseando lo que se ha dicho. Esto le da a la otra persona la posibilidad de comprobar nuestra comprensión. Otras estrategias son la confrontación y el uso del humor: el humor puede tener el efecto contrario si no se usa con moderación. En cuanto a la confrontación, es aconsejable no hablar de experiencias propias (para evitar desviar la conversación hacia sí mismo), pero sí de terceras personas anónimas.

Técnica ERE: ESCUCHAR-RECAPITULAR-EXPRESAR

Recogemos aquí una técnica de Educación Emocional que se llama ERE.

ERE: ESCUCHAR-RECAPITULAR-EXPRESAR

1. Escuchar

Ante todo escucharemos en silencio, aparcando nuestro mundo interno, sin interferencias, de forma abierta, interesada, curiosa y atenta a lo que la otra persona nos va contando. Sin adelantarnos, sin prejuzgar y mostrando con nuestro lenguaje gestual nuestro interés. Tendremos todos los sentidos puestos en la conversación, como si de una gran antena se tratara. Ya que a través de la comunicación no verbal podemos darnos cuenta de mucha información que verbalmente nuestro interlocutor no diga.

2. Recapitular

Una vez nuestro interlocutor ha terminado de hablar y de explicarsetrataremos de hacer una recapitulación sobre lo que hemos entendido. Si lo necesitamos pediremos a nuestro interlocutor, en ese mismo momento, que vuelva a explicarse. Después devolveremos lo que ha dicho con breves «introducciones», a poder ser con sus mismas palabras. Ejemplo: «Entiendo que lo que me estás diciendo es…» De esa forma resumiremos lo que nos ha dicho mencionando lo esencial.

3. Expresar

Finalmente ahora sí podremos expresar lo que nosotros deseamos decir, y gracias a las dos primeras fases de la empatía nuestro interlocutor ya se ha sentido en la 1ª ESCUCHADO y en la 2ª ENTENDIDO por nosotros, por tanto, se sentirá muy bien y estará abierto y dispuesto para recibir lo que queramos decir. Demos calidad a nuestra comunicación. Merece la pena que nuestros seres queridos se sientan escuchados y atendidos de forma sincera. Cuando estemos con nuestros familiares, amigos, compañeros y también cuando tratemos con personas nuevas, a las que no conocemos, hagamos que se sientan bien a nuestro lado.

Otras lecturas recomendadas:

Comunicación no violenta