En los últimos quince años se han ido extendiendo los estudios sobre un fenómeno que afecta al parecer a hombres a partir de los 40 años. Muchos expertos lo denominan síndrome del hombre irritable o síndrome de la irritabilidad masculina. El término fue acuñado por Gerald A. Lincoln a principios de este siglo partiendo de un estudio previamente realizado con ovejas.

Cuando las mujeres se sienten deprimidas, comen o van de compras. Los hombres invaden otro país.

Elayne Boosler, actriz cómica
Síndrome del Hombre Irritable

Los casos estudiados  refieren falta de energía, poca motivación, disminución del deseo sexual y cambios importantes del humor. Muchos de los hombres que lo padecen van a consulta por problemas de erección aunque en la mayoría de los casos hay problemas de conducta que sus familias sufren. Por ejemplo, muestran más irritabilidad, depresión y agresividad. 

Según el Dr. R. Petty, director de la Wellman Clinic de Londres y experto en el estudio de este estado psicológico masculino, el síndrome del hombre irritable afecta al 50% de los hombres mayores de 45 años. No es identificado en la medida en la que se presenta. Según apuntan, en poco tiempo la sustitución hormonal acabará siendo un tratamiento establecido tal y como se aplica en mujeres.

Aunque en los hombres se produce un desajuste y bajada brusca de testosterona, muchos estudios descartan que este síndrome sea equivalente a la menopausia femenina (andropausia).

rechazo al compromiso

Síndrome del Hombre irritable: estado de hipersensibilidad, ansiedad, frustración y enfado que se produce en los hombres y que se asocia con cambios bioquímicos, fluctuaciones hormonales, estrés y pérdida de la identidad masculina.

Jed Diamond

La experiencia de 10.000 hombres con la testosterona

El estudio más consistente sobre la relación entre este síndrome y la agresividad y depresión masculinas ha sido el realizado por el doctor Jed Diamond. En su libro «EL SÍNDROME DEL HOMBRE IRRITABLE: Gestione las cuatro causas de la depresión y la agresión,» Diamond parte de la premisa de que existía una relación entre el SHI y los cambios hormonales que los hombres experimentan en la pubertad y la edad adulta. Los datos aportados por los diez mil formularios hicieron que Diamond sacara las siguientes conclusiones, entre otras:

  1. El estrés es un problema importante para los hombres. El 46% dijo estar a menudo o casi siempre estresado.
  2. El sexo es una preocupación importante. El 40% dijo que casi nunca se se sentía sexualmente satisfecho.
  3. La depresión y la irritabilidad están relacionadas. El 21% dijo estar deprimido a menudo o casi siempre.
  4. Las emociones relacionadas con el enfado son importantes.

Si recordamos la historia del síndrome premenstrual en las mujeres, podemos llegar a algunas analogías. Por un lado muy probablemente el SHI será al principio ridiculizado hasta que se consolide como un factor a tener en cuenta en la psicología y biología humanas conjuntamente. Ocurrirá como con el SPM. Hoy es aceptado como una serie de alteraciones que afectan física y psicológicamente a un porcentaje de mujeres en mayor o menor medida y probablemente será medicalizado de igual manera.

¿Igualdad en la «desgracia» hormonal del SPM/SHI o lo compensamos juntos?

Lo único positivo es que lograremos una relativa «igualdad» de género en el tratamiento de estos «cambios de humor» en ciertos días o etapas de la vida… ya que ocurre tanto para hombres como para mujeres. Así es la biología. La columnista Liz Langley describe con alivio su descubrimiento del SHI así: «Es bueno saberlo. Así como los hombres han tenido que aceptar que hay una razón científica para nuestros silencios o irritabilidad y que eso es SPM y no SBD (Síndrome de la bruja delirante / Raving bitch syndrome), nos sentiremos más aliviadas ante el hecho de que ellos tambiñen tienen que sobrellevar esa desgracia. Y será por el SHI y no por el SCI (Síndrome del cabrón insensible/insensitive butthole syndrome) lo que les hace quedar como tonto-labas a veces. [Mi traducción, en «Going with the flow»]

Podríamos seguir profundizando en el tema de este síndrome como en el del Síndrome premenstrual femenino pero ciertamente otra reflexión se hace necesaria. ¿Realmente estamos ocupándonos de nuestras necesidades como persona completa? ¿O simplemente compartimentamos nuestros problemas, ya sean estos fisiológicos, psicológicos, sociales? ¿buscamos soluciones rápidas tipo «recéteme usted un comprimido de algo que me aporte lo que me falta»? Acudimos cada vez con más asiduidad a especialistas y realmente obviamos la solución global. Una solución que nos trate como personas en un contexto familiar, laboral, social, emocional y hasta espiritual determinados.

Con frecuencia puede que nos centremos en lo más biológico o en cómo nuestros genes u hormonas están en la base de quienes somos y lo que somos. Y puede que nos estemos olvidando de lo que significa realmente ser un ser humano completo que reacciona a todo lo externo de forma interna también. Somos seres sociales y nuestra vida en pareja nuestros hijos, nuestros padres, amigos, compañeros de trabajo, todo lo que nos rodea ayuda a conformar lo que somos y si hay un desequilibrio debemos buscar el reajuste con todo lo exterior.

¿Podemos curar un desengaño amoroso o el estrés laboral con un ansiolítico o una dosis extra de hormonas? ¿Realmente nos estamos curando o estamos escondiendo el problema bajo la alfombra de la medicalización de la vida?