Existen muchos mitos y medias verdades sobre el síndrome premenstrual (SPM). Solo a este síndrome se le atribuyen más de 150 síntomas diferentes. Tampoco existe consenso de cuales ni cuántos de ellos son determinantes para diagnosticarlo. Un cuarto de la población femenina del mundo tiene la regla en estos momentos y muchas de ellas lo viven ocultándolo. Otras disimulando dolor y continuando con sus labores como si nada estuviera sucediendo en sus cuerpos.

Las mujeres no se vuelven «más locas» ni actúan como desequilibradas en ciertos días del ciclo menstrual o de las fases de la luna. No obstante, todo ello les influye. Hemos de tener claro que Síndrome Pre-menstrual no es una enfermedad sino que implica síntomas que no afectan a todas las mujeres. Estos síntomas son provocados por cambios en los niveles hormonales que se producen de forma normal durante el ciclo menstrual. También ocurren estos cambios en los hombres y aún no se ha encerrado a ningún hombre en un manicomio por el «síndrome de hombre irritable.» Por lo general, se considera que algunas mujeres pueden ser más sensibles que otras a estos cambios. Lo cierto es que todavía no se conoce con seguridad por qué afecta más a unas que a otras.

No se conocen realmente sus causas, ni siquiera hay un consenso científico sobre qué es ni sobre los rasgos que lo definen. Tampoco se ha investigado lo suficiente sobre posibles remedios para paliar sus efectos. Las mujeres que lo padecen oscilan desde el 30 hasta el 85 % en muy diversos grados. De hecho, si fueran los hombres los que tuviesen la menstruación es muy probable que se hubiera investigado mucho más. Probablemente se habría tratado de conseguir casi neutralizar sus efectos. Tampoco sería visto como algo sucio o que hay que esconder cuando te ocurre.

Desgraciadamente las alteraciones provocados por la menstruación han sido utilizados como excusa para tachar a muchas mujeres de histéricas y hasta para encerrarlas en manicomios. Muchos creen que hay ciertos días en los que es peligroso tratar con una mujer porque nos ponemos «más violentas,» agresivas o sensibles de la cuenta. Otros han aprovechado esta idea del SPM para apoyar la «inferioridad» de la mujer para afrontar las mismas tareas con igual éxito que los hombres en cualquier momento.

Ha llegado a culparse al síndrome premenstrual de ser el causante de que haya más asesinatos por parte de mujeres y de provocar conflictos en la pareja. Esto ha llegado al punto de hacer retratar a los maridos casi como «víctimas» torturadas por los accesos de ira de sus parejas mujeres durante «esos días.»

A lo largo de las fases del ciclo menstrual se producen muchos cambios en el cuerpo de la mujer. Es muy importante conocer las diferentes fases del ciclo menstrual para aprender a reconocer sus señales, sus efectos. Así se puede actuar para minimizarlos y que no afecten a nuestro bienestar físico y psicológico.

La menstruación y SPM no afectan a todas las mujeres de la misma manera.

menstruacion

Otras mujeres apenas tienen dolores en la zona del útero pero sí acusan bastante los cambios de humor, el apetito, estreñimiento, retención excesiva de líquidos y gases, etc.

Los efectos psicológicos del ciclo menstrual en la mujer

Las diferentes fases de la menstruación conlleva una serie de cambios muy bien ilustrado en el artículo de Naturcup «Las cuatro fases del ciclo menstrual.»

«Fase menstrual: en esta fase se produce una bajada de los estrógenos, hormona que afecta a la excitabilidad, estimulación y tonificación del sistema nervioso. Cuando bajan los estrógenos también lo hacen las endorfinas, encefalinas y serotonina, sustancias que nos ayudan a sentirnos bien. Por eso es habitual que durante estos días te sientas baja de ánimo o con síntomas de ansiedad e irritabilidad. También disminuyen tus niveles de progesterona, una hormona que estimula la sedación y el sueño, y equilibra la eliminación

Preovulatoria o folicular: En esta fase los niveles de estrógenos comienzan a elevarse. La progesterona está aún ausente y los niveles de testosterona son aún mínimos. Emocionalmente hablando, podemos sentir una agradable sensación de felicidad, renovación, alegría y optimismo, además tu apetito sexual también puede verse incrementado… Durante esta semana después de tener la regla, es posible que sientas este aumento de tu energía física y te veas más optimista.
Ovulación: Nuestro cuerpo comienza a producir progesterona que irá aumentando. El pico alto de estrógenos sumado a la influencia de la oxitocina hace que en esta fase se eleve la libido sexual.  El incremento de estrógenos favorece la producción de serotonina, por lo que tendrás más energía y aumentará tu capacidad en la toma de decisiones. Las altas concentraciones hormonales favorecen también tu rendimiento intelectual. Es el mejor momento del ciclo a nivel emocional ya que el estado de ánimo es positivo. Son días, en los que aumenta tu capacidad en las relaciones sociales y tu estado de ánimo está listo para iniciar nuevos proyectos. Es la fase más expresiva.

Fase lútea o postovulatoria: corresponde con la semana previa a la menstruación. Los estrógenos y la progesterona disminuyen notablemente, ocasionando en muchas de nosotras lo que conocemos como el síndrome premenstrual. …En estos momentos del ciclo, puedes sentirte más ansiosa, deprimida e irritada. Incluso disminuye nuestra capacidad de concentración y aumentan las dificultades para retener información. Cambios repentinos de humor y baja autoestima son otros de los síntomas de estos días…. Los niveles de estrógenos bajan, somos más autocríticas. No todas sentimos estos cambios de la misma manera.»

¿Qué es realmente el síndrome pre-menstrual?

Ya desde el siglo pasado se llegó a un acuerdo más o menos generalizado de que el SPM era provocado por un desajuste de dos hormonas fundamentales para la fertilidad femenina: los estrógenos y la progesterona. Esta teoría, aun sin suficiente constatación científica hoy en día, sugiere que «la fluctuación y bajada del nivel de progesterona inhibe la creación de serotonina, la sustancia que regula nuestra estabilidad emocional. Además, la subida de estrógenos provocaría un aumento en la retención de agua y de sodio, llevando a inflamaciones generalizadas con las subsiguientes molestias y dolor»1 .

humores femeninos

No ha sido hasta muy recientemente que encontramos una más amplia variedad de estudios científicos sobre el SPM, en su mayoría propiciados por el aumento de la presencia de la mujer en el ámbito de la investigación y de su visibilidad e importancia en la sociedad en general. Hay estudios que incluso aluden a factores genéticos para explicar el SPM como algo que padecen mujeres que son genéticamente muy sensibles a los cambios o desequilibrios hormonales, los cuales son totalmente naturales a lo largo del ciclo.

La mayoría de los estudios apoyan la teoría de que es la conjunción de diversos factores, entre los que se encuentra este desequilibrio hormonal, los que provocan esos síntomas o rasgos. Ese desequilibrio podría afectar de forma más significativa a la mujer si existen otros factores de riesgo como problemas personales o laborales que provocan depresión y estrés.

Otros estudios recientes apoyan la teoría de que realmente el problema no es la producción hormonal sino cómo afectan estas hormonas a los neurotransmisores, y por tanto provocan no solo cambios físicos sino también cambios psicológicos muy molestos para la mujer.

El trastorno disfórico menstrual sí es una enfermedad

Para muchas mujeres los cambios de los días previos a la menstruación son apenas perceptibles. Sin embargo para otras pueden ser desde ligeras molestias hasta dolores intensos, tristeza aguda o incluso impulsos suicidas (Trastorno disfórico premenstrual). Según la wikipedia «El TDPM es una enfermedad que se genera en las mujeres, una o dos semanas antes del inicio del período menstrual.» El síntoma más intenso es la depresión y supone una enfermedad psicológica que hay que diagnosticar y tratar. Actualmente sorprende ver que el TDPM no sea diagnosticado de forma correcta a ese 5-10% de mujeres que lo padecen. Estas mujeres pueden llegar a vivir un auténtico calvario a lo largo de sus vidas.

No estoy loca. Es natural.

La mitad de la población mundial podría ser mucho más feliz todos los días del mes si se investigaran seriamente las causas del SPM. Para ello habría que naturalizar lo que ocurre en los cuerpos de la gran mayoría de las mujeres. Deberíamos dejar de considerarlo un «síndrome» o casi una enfermedad generalizada (como ha sido considerada en el pasado) y verlo como lo que es: un proceso biológico más.

Habría que luchar contra los muchos intentos de sacar beneficio económico de algo que es un proceso natural. No tiene sentido medicalizar algo que es natural, salvo en casos excepcionales. La perpetuación del mito de que el SPM es algo que todas las mujeres sufren y las convierte en mosntruos no ayuda. Mucho peor es pensar que la mujer que lo padece debe tener tratamientos permanentes, ya que puede ser muy peligroso. No es muy razonable que se receten ansiolíticos o antidepresivos a jóvenes desde la adolescencia por este motivo. Ello no deja de ser una forma de medicalizar la salud reproductiva de la mujer.

Véase este interesante vídeo de Robin Stein DeLuca donde se desmitifica el SPM, su tratamiento medicalizado. Y lo que es más importante, se desmonta la idea de que las mujeres somos más irracionales e inestables psicológicamente y por tanto menos merecedoras del estatus y éxito profesional que han disfrutado los hombres desde siempre.

Desmitificando la menstruación

Por suerte se suceden iniciativas y proyectos de mujeres que intentan desmitificar la menstruación como algo sucio que debe esconderse. Pretenden desvelar la realidad de los efectos de la menstruación o del SPM. Erika Irusta, pedagoga especializada en el ciclo menstrual, ha desarrollado el proyecto Soy1soy4. Es una «escuela menstrual» en la que colaboran más de 300 mujeres de 40 países y que persigue romper los mitos sobre el ciclo menstrual:

¿Qué es lo que más destaca de lo que le dicen las mujeres con las que trabaja?
El sentimiento de estar loca. Es la sensación de «soy irregular, soy volátil, soy irritable, me odio, no me controlo, no sé qué me pasa», que todas sentimos en algún momento. Todo tiene que ver con algo de una misma que pensamos que no debería de estar pasando. Pero no estamos locas, somos cíclicas y nuestros cambios hormonales provocan cambios físicos, mentales y emocionales. 

Entrevista publicada con Erika Irusta en El Diario

No estamos enfermas ni somos menos eficientes

El problema básicamente radica en cómo se han interpretado esos cambios en el cuerpo femenino, si se han convertido en algo patológico (enfermedad) , si se han utilizado para justificar un trato desigual por una inferioridad biológica y psicológica o si se han obviado molestias bajo el paraguas de que el dolor es normal y es algo que va unido a ser mujer.

El problema es que si hoy me siento especialmente sensible y triste puede que ese sentimiento se haya visto iniciado por un desajuste hormonal natural. Sin embargo, la respuesta cultural que se le da a ese hecho fisiológico no puede bajo ningun concepto convertirse en un arma contra la mujer, en una acusación de su naturaleza inferior, débil o de ser un signo de desequilibrio psicológico, de estar «loca.»

El re-equilibrio emocional necesario

Si en los días anteriores a la menstruación mi sentimientos hacia mi pareja están acentuados y mis emociones se vuelven más intensas y de esa tristeza inicial paso a tener sentimientos depresivos o ganas de llorar puede que no sólo sea responsable la química de lo que me pasa. La química es un mero detonante de unos sentimientos que aluden a otros problemas que afloran. Estos problemas van más allá del proceso fisiológico de la menstruación. Nuestra propia naturaleza femenina probablemente nos está pidiendo que tratemos, que resolvamos, para lograr de nuevo un equilibrio en nosotras mismas. Los estudios más recientes y rigurosos afirman que una de las causas que empeora los síntomas previos a la menstruación es el estrés. No obstante, eso no es suficiente para explicar todos los casos de Síndrome Premenstrual.

¿Cómo afrontar los cambios del ciclo y los previos a la menstruación

No debemos ignorar estos síntomas como algo que hay que «soportar» por ser normales y causados por un proceso biológico natural. Debemos trabajar para:

  • conseguir cuanto antes el bienestar corporal y psicológico ya se mediante técnicas para reducir el estrés especialmente en esos días (deporte, infusiones relajantes, etc.)
  • reducir o intentar evitar cualquier situación o encuentro que sea emocionalmente difícil o estresante. Si acabamos de romper con nuestra pareja o ha habido recientemente un incidente desagradable con alguien que apreciamos o amamos que nos ha hecho daño, la otra persona debe ser consciente de nuestra hipersensibilidad. Nosotras mismas debemos intentar relacionarnos desde la serenidad de ser conscientes de cómo el desequilibrio hormonal puede empeorar una situación emocional estresante y por tanto perjudicar nuestro estado mental.

Meter las emociones bajo la alfombra del SPM  impide a las mujeres entender la causa de sus emociones negativas, pero también les quita la oportunidad de hacer algo para cambiarlas. 

Así que la buena noticia sobre el SPM es que, aunque algunas mujeres tienen síntomas por su ciclo menstrual, la gran mayoría no tiene ningún trastorno mental. 

Y, por último, el mito del SPM impide a las mujeres tratar con los asuntos que de verdad les provocan malestar emocional. Cuestiones como la calidad de las relaciones o las condiciones laborales o temas sociales como el racismo, el sexismo o el yugo cotidiano de la pobreza están muy relacionadas con el humor diario. 

¿Tenemos ritmos y frecuencias distintas?

Debemos ser respetuosos hacia el otro sexo y sus particularidades fisiológicas. Las mujeres debemos aprender sobre lo que ocurre en nuestro cuerpo y transmitir estos cambios desde la naturalidad que este proceso fisiológico supone. No tiene sentido ni «criminalizarnos» por ello ni pedir un trato especial. Es meramente una cuestión de asumir aspectos de nuestra naturaleza que no es realmente tan diferente a la de los hombres. Simplemente tenemos diferentes ritmos y frecuencias, físicas y emocionales.

Vamos al trabajo o a la escuela, cuidamos de nuestras familias, y llevamos una vida normal. Sabemos que las emociones y el humor de hombres y mujeres son más parecidos que diferentes. Así que dejemos el cansino y anticuado mito del SPM sobre las mujeres-brujas y acojamos la realidad de una actividad altamente emotiva y profesional desempeñada por la mayoría de las mujeres cada día.

¿Y ellos qué? El síndrome del hombre irritable

Un estudio analizó a hombres y mujeres entre 4 y 6 meses y reveló que el número de cambios de humor que tuvieron y la severidad de esos cambios de humor eran los mismos.

En 2002 ya se comenzaba a hablar del «Síndrome del hombre irritable» que confirmaba cambios de humor e irritabilidad en hombres. Los niveles de testosterona bajaban a niveles inferiores a los normales. ¡No sólo nos ocurre a nosotras!

Si quieres saber más sobre este síndrome masculino lee el artículo «Esos días masculinos» o el Síndrome de hombre Irritable (SHI)

Buscando una salida desde la igualdad

¿Realmente estamos ocupándonos de nuestras necesidades como persona completa? ¿O simplemente compartimentamos nuestros problemas, ya sean estos fisiológicos, psicológicos, sociales? ¿buscamos soluciones rápidas tipo “recéteme usted un comprimido de algo que me aporte lo que me falta”? Acudimos cada vez con más asiduidad a especialistas y realmente obviamos la solución global. Una solución que nos trate como personas en un contexto familiar, laboral, social, emocional y hasta espiritual determinados.

Con frecuencia puede que nos centremos en lo más biológico o en cómo nuestros genes u hormonas están en la base de quienes somos y lo que somos. Y puede que nos estemos olvidando de lo que significa realmente ser un ser humano completo que reacciona a todo lo externo de forma interna también. Somos seres sociales y nuestra vida en pareja nuestros hijos, nuestros padres, amigos, compañeros de trabajo, todo lo que nos rodea ayuda a conformar lo que somos y si hay un desequilibrio debemos buscar el reajuste con todo lo exterior.

¿Podemos curar un desengaño amoroso o el estrés laboral con un ansiolítico o una dosis extra de hormonas? ¿Realmente nos estamos curando o estamos escondiendo el problema bajo la alfombra de la medicalización de la vida?