No hay un cómo, un donde ni un por qué.
Solo dos cuerpos con mentes dispersas, 
a los que los años arrugaron la sien.
Historias que esconden verdades y heridas.
Ideas que rompen la monotonía; 
Dobles sentidos que erizan la piel.


Conjeturas que retan a las hormonas 
y ponen en marcha la imaginación.
Dos mentes que encajan,
y se descubren más allá de las palabras; 
Miradas que tejen un hilo invisible,
manos divinas que tocan el alma,
Renaciendo en el otro sin dejar de ser tú .


Vacuna de juventud contra el tiempo implacable.
Mariposas que tiran de la madeja.
Un escalofrío que cambia el paso,
una voz distante que provoca una sonrisa
Y el corazón  acelera. 
Un hilo de mecha que enciende emociones,
que suelta besos del rojo al verde 
Del ámbar de nubes ardientes
En una puesta de sol.


Nudos imposibles en los desencuentros, 
montañas rusas de «ni contigo ni sin ti», 
sentirse al instante viva y muerta a la vez.
Y abandonarse al instinto 
con reincidencia y alevosía,
enterrando prejuicios y juramentos.
Sinfonías de besos y de caricias, 
constelación  de placeres, 
complicidad del alma y de la razón.


Momentos sentidos a flor de piel,
en la otra mitad del corazón.
Y la dicha de darse a cambio de más vida, 
de más sueños y noches en vela. 
Sentirse atada
por el hilo invisible
de una hermosa trampa.