En 2018 Octavio Salazar publica su libro «El hombre que no deberíamos ser: La revolución masculina que tantas mujeres llevan siglos esperando» sobre (disponible aquí). Ya hice una pequeña introducción en otra entrada a este libro pero merece la pena explorar un poco más el libro y el decálogo que incluye al final. El autor nos sugiere diez claves parta la revolución masculina. Como él mismo reconoce, es menos complicado hacer un retrato del «hombre que no deberíamos ser», aunque no tengamos del todo claro cómo habría de ser el «hombre por llegar». No obstante, nos sugiere que es necesario que empecemos a «asumir una serie de retos desde los que transformarnos y transformar la realidad en la que vivimos» (83).

Decálogo revolución masculina

Este decálogo pretende ser una mínima guía con la que los hombres sean capaces de reconstruirse y de construir una sociedad donde todas y todos podamos disfrutar de un mayor grado de bienestar. Bien podría ser un decálogo para llevar a cabo una revolución masculina. Esta revolución surge de la propia necesidad de los hombres para superar un modelo masculino obsoleto y conflictivo

Decálogo

  1. Los hombres no deberíamos seguir gozando de manera acrítica de nuestros privilegios. Deberíamos transformar las estructuras de poder que mantienen a las mujeres en una posición subordinada.
  2. Los hombres no deberíamos estar ausentes en lo privado; deberíamos ser agentes corresponsables en el ámbito doméstico y familiar.
  3. Los hombres no deberíamos creernos omnipotentes; deberíamos ser cuidadores y asumir la necesidad de los otros y las otras para sobrevivir.
  4. Los hombres no deberíamos huir de lo femenino; deberíamos asumir y avalorar la ternura y nuestra vulverabilidad.
  5. Los hombres no deberíamos monopolizar el poder, el prestigio y la autoridad; deberíamos ejercerlo de manera paritaria con la mitad femenina de la ciudadanía.
  6. Los hombres no deberíamos reproducir los métodos y las palabras patriarcales; deberíamos transformar las maneras de entender y gestionar lo público.
  7. Los hombres no deberíamos ser el centro y la única referencia de la cultura, la ciencia y el pensamiento; deberíamos compartir paritariamente con las mujeres los saberes y la construcción de los imaginarios colectivos.
  8. Los hombres no deberíamos ser cómplices de las violencias machistas ni de instituciones patriarcales como la prostitución; deberíamos ser radicalmente militantes contra la desigualdad, la violencia y la explotación de las mujeres.
  9. Los hombres no deberíamos ser héroes románticos ni depredadores sexuales; deberíamos educarnos para una afectividad y una sexualidad basada en el reconocimiento de nuestra pareja como un seer equivalente y, por tanto, en la reciprocidad.
  10. Los hombres no deberíamos seguir legitimando y prorrogando el orden patriarcal y el machismo como ideología que lo sustenta; deberíamos convertirnos en hombres feministas. (Citas extraídas del libro impreso, págs. 84-93)

Un nuevo hombre para el futuro

Si repasamos estas claves y miramos a nuestro alrededor o a la esfera pública nos llevamos claras decepciones. Nuestro sistema político y social sigue sustentando comportamientos que ciertamente no son deseables en un hombre del futuro que imaginamos. Este hombre del futuro habría superado una serie de prejuicios infundados que perpetúan la desigualdad entre los géneros. Estamos inmersas/os en batallas abiertas en el lenguaje (uso no sexista), en el sector laboral (brecha salarial, acceso a puestos de decisión), en la educación (estereotipos sobre vocaciones), en el ámbito familiar (compartir o gestionar cuidados) y en el ámbito político-judicial (representatividad real).

Este decálogo es realmente muy útil para lograr esos cambios y revolución masculina tan necesaria paralelamente al feminismo. Debería ser un modelo o mantra para todos esos hombres que son conscientes de la necesidad de repensar la masculinidad. Es pertinente hacerlo en otros términos más solidarios con respecto a la otra mitad de la población mundial.

Un hombre más igualitario

El decálogo de Salazar no es el primero ni será el último dentro de las propuestas que están surgiendo desde colectivos y asociaciones de hombres. El Decálogo de AHIGE (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género) resume en su propio decálogo recoge igualmente principios del hombre igualitario e invita a la toma de conciencia y responsabilización masculina.

La proliferación de grupos y asociaciones de hombres es una señal y buen augurio tanto para hombres como para mujeres. Para ellos supone un lugar y espacio físico y discursivo desde el que proponer una nueva visión de la masculinidad y del papel de los hombres en los cambios sociales.

Trabajando junt@s o masculinidad feminista

Desde el movimiento feminista se ha visto con buenos ojos estas iniciativas. Es cierto que al principio temieron el protagonismo que los hombres pudieran alcanzar dentro del movimiento feminista. Actualmente se suceden colaboraciones y manifestaciones mixtas y se mantienen acciones exclusivas para mujeres y para hombres dependiendo de lo que se quiere denunciar o promover.

A igual que nos ocurre a muchas mujeres, estos grupos de hombres son conscientes de que los cambios profundos en la sociedad llevan mucho tiempo. Por ejemplo en el ámbito personal, tanto hombres como mujeres luchamos a diario contra ideas heredadas. No se consigue de un día para otro dejar de ser machista aunque uno/a quiera. Es un camino de larga distancia. Siembre habrá momento en los que nos preguntemos ¿cómo he podido decir o hacer esto?” Pero lo importante es avanzar juntos y apoyarnos cuando lleguen esos momentos.